LA MUERTE VICARIA DE CRISTO.


Cristo tenía necesariamente que morir; para eso vino al mundo, para morir, “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero;… Is. 53.7”. ¿Pero solamente tuvo necesariamente que morir?. Nuestra muerte es la paga del pecado; “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro, Ro. 6.23″; pero mi muerte a nadie beneficia; y en cuanto a la paga de Tu pecado, ni yo ni nadie puede pagar por ti. En el Salmo 49.7:8, leemos: ” Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate. (Porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás)”.
Solamente la muerte vicaria de Cristo es la propuesta por Dios para mi rescate, mi redención y para adquirir, por la fe en su muerte, la vida eterna, “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados “, 1a Pedro 2.24. La Biblia entera registra esta verdad como algo indispensable para la redención de la humanidad.

Veamos algunos pasajes:
“Mas él, herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz sobre él y por su llaga fuimos nosotros curados”.
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.
“Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento, cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado….” (Isaías 53.5:6,10).
“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos… y por todos murió…” (2a Co. 5.14,15).
“…habiendo efectuado la purificación a nuestros pecados por medio de sí mismo…” (He. 1.3).

Estos preciosos textos y otros muchos que podríamos citar, con la misma idea, tienen su realización en los cuatro evangelios; los cuatro evangelistas consignan la muerte expiatoria y vicaria de Cristo nuestro Salvador.
Esta muerte vicaria y espectacular fue preordenada por Dios desde la eternidad. No fue propuesta por el primer hombre pecador, o por algún otro ser humano; ni fue propuesta por alguna jerarquía eclesiástica. Recordemos la expresión de Pedro:
“A este (Jesús) entregado por el determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por mano de los inicuos, CRUCIFICANDOLE” (Hechos 2.23).
Esta muerte tendria su altar expiatorio en una cruz de madera en el monte calvario en Jerusalén. No en el altar de algún templo, ni en Roma o en alguna otra ciudad. Era necesario que fuése en Jerusalén, la ciudad de Dios, por la que Cristo lloró…..

Pero de todos los escritos, el más patético, en cuanto a demostrar la muerte vicaria de Cristo, es el que relata cada uno de los cuatro evangelios; el expediente eterno: VIDA POR VIDA.
Cristo murió en el lugar de Barrabás; y Barrabás, puedo ser yo; Barrabás puede ser el que predica el evangelio, o el que lo oye; puede ser el rey, y puede ser el esclavo. Barrabás es el pecador que vive en el mundo… “Por cuanto todos pecaron …. Y por todos murió”.
¿Quién era Barrabás? Nadie hubiera sabido de su existencia a no ser por la muerte vicaria del Señor Jesucristo.
Tantos reos en prisión para ser ajusticiados que jamás supimos y tantos más que jamás sabremos; pero Barrabás es conocido en todo el mundo y ha sido conocido desde entonces a través de los siglos.
Podemos leer los relatos que de Barrabás hace el Nuevo Testamento en: Sn Mt. 27.16:26, Sn Mr. 15.7, Sn Lc. 23.17:25, Sn Jn. 18.39,40, Sn Jn. 19.14, Hch. 3.14.
Estos pasajes nos describen, no su fisonomía, ni su edad, ni su ambiente social. El evangelio simplemente nos introduce a su presidio… Este preso era famoso (Sn Mt. 27.16); seguramente había tenido muchas entradas al presidio o habría sido perseguido por muchos años al través de incontables fechorías, sin conseguir hecharle mano, pero hubo ocasión para darse a conocer, rebosando al máximo su fama… salteador, sedicioso, ladrón y homicida…
Sobre este fondo tan negro y tenebroso del pecador, se proyecta Cristo con su luz admirable. El evangelio de juan nos presenta el contraste en los labios y la enseñanza de Jesús ” El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Ahora bien, se había hecho un juicio condenatorio ya, contra Barrabás, inapelable; por lo tanto era Barrabás el destinado a morir en la cruz, para ser contado con otros dos inicuos.
Esa misma noche, y conforme al tiempo de las profecías, el señor Jesús fue aprehendido a traición: le acusaron calumniando sus palabras, negando su obra redentora; y le llevaron atado, como malhechor, frente a Pilato. Este, a su vez, lo entregó a los verdugos para ser azotado… y en cuanto a su juicio, tampoco tuvo apelación, Tenía que morir.
Era costumbre soltar a un preso en ese día de Pascua. Recordemos el evangelio. “Mas los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese a Barrabás. Y el presidente les dijo: ¿cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron a Barrabás”.
No vamos a meditar en el bien que de Jesús recibieron esos traidores; ni del mal que de barrabás alcanzaron; pero era un hecho que Barrabás era un peligro para la sociedad; para la seguridad y tranquilidad de las familias, de cada persona en general.
Y barrabás, sin méritos de confesión y arrepentimiento; sin quién abogase su causa: sin ser digno del indulto, fue escapado de la maldición de la cruz que pesaba sobre él. Barrabás quedó salvo de tal condenación, ¡quedó libre!. Ahora bien, Barrabás es un símbolo, el símbolo de cada pecador. Cristo fué su Salvador, porque así como murió en lugar de Barrabás, murió en lugar de cada pecador que le acepta como su redentor. “Por todos murió”. Barrabás es el tipo de pecador universal, “Como está escrito: no hay justo, ni aun uno…” (Rom. 3.10:22).
Reos de condenación: “muertos en pecados y delitos”, no somos mejores que Judas o Barrabás. Pero sí seremos peores si, conociendo este evangelio del amor de Dios, lo rechazamos o lo callamos. En la muerte vicaria de Cristo está incluído todo aquel que viene a este mundo y le acepta.

Si todos nosotros, como pecadores que somos nos sentimos responsables por la muerte vicaria de Cristo, y como el carcelero de Filipos nos hacemos la pregunta ¿QUE HARE PARA SER SALVO?, la respuesta la encontramos en Hechos 16.31, “Y ellos dijeron: CREE EN EL SEÑOR JESUCRISTO, Y SERAS SALVO TU, Y TU CASA”. Amén.