¿Para quién trabajas?


“Por esto mismo trabajamos y sufrimos”
1Timoteo 4:10

Muchas personas vienen a los pies de Cristo pensando que las personas que habitan las distintas congregaciones son entes que no generan ningún tipo de problemas entre sí. Error, es nuestro deber al momento de predicar advertir a los potenciales creyentes que la iglesia está compuesta por seres humanos de educación y reacciones diversas.

Posiblemente quien lee estas líneas es un trabajador infatigable en la obra del Señor, bendito sea por ello. Y como obrero infatigable recibe por parte de sus propios consiervos, ataques, críticas, y hasta indiferencias y porque no, zancadillas.

Si lo antes dicho es cierto, esta grafía es para usted. Pregúntese, ¿para quien trabaja?, ¿Para Dios o para los hombres?. Si es para los hombres procure complacerlos en todo lo que le pidan. Ahora bien si es para Dios levante su cabeza hasta los cielos, y con una sonrisa pida fuerzas a Dios, de paso ruegue por quienes luchan por hacerle tropezar. Si su relación es tan ardiente que se siente dirigido por El Señor en todo lo que hace, haga como el Apóstol Pablo quien después de haber sido apedreado en Iconio, se levantó y continuó su trabajo, pues estaba lleno el Espíritu Santo. Vamos levántese, lo más que hay en la obra del Señor es trabajo. Si encuentra tropiezos, ore a Dios a lo mejor no son reales esos tropiezos, es posible sea una señal de Dios, llamándole a un ministerio diferente porque ya ha cumplido con un trabajo asignado por el Señor.

Diga como el hijo prodigo: Me levantaré. Anímese es más grande el premio en el Señor que las dificultades y retos que podamos encontrar en esta tierra y entre los nuestros.