La fe verdadera se demuestra cuando Ud. se sube en la “carretilla” del salvador


La fe verdadera, la fe que salva, es aquella que encomienda el destino eterno de su alma al señor Jesús. La fe verdadera se demuestra cuando Ud. se sube en la “carretilla” de Salvador.

Se demuestra cuando Ud. dice a Jesús, “Señor Jesús, yo no puedo salvarme a mí mismo. Yo creo totalmente que tú eres el único que puede salvarme. Yo estoy confiando en ti para que me salves y hagas posible que yo vaya al cielo cuando muera.”

¿Ha experimentado Ud. este tipo de fe? Si no lo ha hecho, entonces Ud. no ha experimentado la fe que salva. Si Ud. todavía no se ha subido a la “carretilla” de Jesús, Ud. no ha llegado todavía a conocerle como salvador.

Pero si Ud. ha llegado a conocer a Cristo como salvador, Él le llevará con toda seguridad no a través de las Cataratas del Niágara, sino al cielo. Con fe en Jesucristo como su Salvador, Ud. puede ir al cielo cuando muera.

Originally posted 2012-08-09 06:06:58. Republished by Blog Post Promoter

Dios Nos Provee De Un Salvador


Nuestro santo Dios, no puede cambiar Sus demandas sobre los pecadores, pero Él mismo puede satisfacer esas demandas. Él castigo por el pecado tiene que ser pagado, así que, Él mismo ha procedido a efectuar el pago por amor. Motivado por su gran misericordia y gracia, Dios el Padre dio a su Hijo para que muera por nosotros, pagando así el castigo por el pecado.

Tome cuidadosa nota del mensaje en los siguientes versículos:
Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
2 Corintios 5:21. “Al que no conoció pecado (Jesús) por nosotros lo hizo pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”
1 Juan 4:9: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.”
Como verá, Dios siempre ha demandado un sacrificio sangriento como paga por el pecado. “Porque la vida de la carne en la sangre está… y la misma sangre hará expiación de la persona.” (Levítico 17:11). Él demanda este tipo de sacrificio por Ud. y por mí. Sin eso, no podemos ir al cielo cuando muramos.
En el Antiguo Testamento el sumo sacerdote entraba una vez al templo, al lugar santísimo, para hacer expiación por los pecados del pueblo Judío. Pero el Nuevo Testamento nos dice que los sacrificios de estos sumo sacerdotes “nunca pueden quitar los pecados” (Hebreos 10:11). “Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no pueden quitar los pecados” (Hebreos 10:4).

Él sacrificó a su propio hijo para pagar nuestra deuda por el pecado.

Pero lo que la sangre de los toros y de los machos cabríos no pudo lograr, lo logró la sangre de Jesús. Hebreos 10:10 nos asegura que somos santificados “mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.” Pablo dice de Jesús, “en quien tenemos redención por su sangre, el, perdón de pecados” (Efesios 1:7). 1 Pedro 3:18 lo dice claro. “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.”
El dilema se ha resuelto. Dios ha hecho expiación por nuestros pecados. Él mismo pagó por ellos, mediante el sacrificio de Su hijo en la cruz del Calvario. Él sacrificó a Su propio Hijo para pagar nuestra deuda por el pecado. Él hizo posible que vayamos al cielo cuando muramos. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Amor es la respuesta de Dios al pecado del hombre.
¡Asombroso amor! ¿Cómo puede ser, que Tú, mi Dios murieras por mí? Charles Wesley