Reflexiones sobre el salmo 15


Toda moneda tiene dos lados. En el salmo 14, al hablar del necio, de aquel que no tiene temor de Dios, vimos un lado de la moneda, pero en el Salmo 15, al hablar de alguien que tiene temor de Dios; vamos a ver el otro lado de la moneda, Abramos pues nuestras Biblias en el Salmo 15. La sobre escritura de este salmo nos informa que su autor es David. Simplemente dice: Salmo de David. En cuanto a la estructura del salmo, podríamos dividirlo en tres partes. Las preguntas del salmista a Dios, el pronunciamiento de Dios al salmista, y la promesa de Dios al salmista. Vayamos a lo primero. Las preguntas de Dios al SaImista. Salmo 15:1 dice: “Jehová, ¿quien habitara en tu Tabernáculo?. ¿Quién morara en tu monte santo?.

Para entender lo que David esta diciendo, debemos saber que no todo judío del Antiguo Testamento tenia total libertad de entrar al lugar donde moraba Jehová, al Tabernáculo. Solamente los sacerdotes podrán hacerlo y solamente el sumo sacerdote podía entrar al lugar mas santo del Tabernáculo, llamado el lugar santísimo, y eso una sola vez al año, y luego de cumplir con un elaborado ritual. David, no era un sacerdote y peor un sumo sacerdote, y eso significaba que estaba impedido de entrar al Tabernáculo. Pero David deseaba tanto hacerlo y quizás al reconocer la santidad de Dios, se puso a pensar en los requisitos que deberían cumplir aquellos que quieran entrar al Tabernáculo. Por eso en su oración dice: Jehová, ¿quien habitara en tu Tabernáculo?. ¿Quién morara en tu monte santo?. David quería saber cuales eran los requisitos que se necesitaban para permanecer por siempre junto a Dios. Notamos en David una pasión por estar lo mas cerca posib le de Dios. ¿Tiene Usted esta pasión, amigo oyente?. ¿Esta Usted vivamente interesado en morar donde Dios mora?. Quiera Dios que esta pasión se manifieste también en cada uno de nosotros. A la pregunta del salmista a Dios, veamos cual fue el pronunciamiento de Dios al salmista. Salmo 15:2 hasta la primera parte del versículo 5 dice: “El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho”.

Bueno aquí tenemos los requisitos mínimos indispensables para poder habitar con Dios en su Tabernáculo. Permítame hacer un recuento rápido de ellos.

Primero, el que anda en integridad. Esto se refiere a un estilo de vida caracterizado por la rectitud en pensamiento y obras.

Segundo, el que hace justicia. Esto se refiere a poner en practica lo que se sabe en la teoría. Los creyentes sabemos muchas cosas buena-s en la teoría, pero muy poco de lo que sabemos aplicamos a nuestro diario vivir. Nos hace falta hacer justicia. Sabemos que debemos orar, pero no oramos. Sabemos que debemos estudiar la Biblia, pero no estudiamos. Sabemos que debemos compartir el evangelio con los incrédulos, pero no lo compartimos. Nos hace falta hacer Justicia.

Tercero, el que habla verdad en su corazón. Esto se refiere a una persona totalmente transparente. Una persona que no tiene nada escondido. Una persona que no vive una doble vida. Uno que no es santo mientras esta en el templo y demonio mientras esta fuera del templo. El que desea morar con Jehová no debe ser hipócrita, no debe tener dobles motivaciones. Tiene también que ver con decir la verdad siempre aunque eso le acarree problema. Estos tres primeros requisitos son expresados en forma positiva, los siguientes tres requisitos son expresados en forma negativa.

El cuarto, el que no calumnia con su lengua. Esto se refiere a una persona que sabe cuidar su lengua para no causar daño. Es una persona que no anda en peleas ni en chismes ni en murmuraciones. Un amigo mío solía decir, no me gusta el chisme, pero me entretiene. El que no calumnia con su lengua procurara edificar a otros con su hablar. La palabra de Dios nos exhorta a que nuestra palabra sea siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepamos como debemos responder a cada uno. Así debe ser la lengua del que quiere morar con Dios en su Tabernáculo.

Quinto, el que no hace mal a su prójimo. La Biblia dice que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos. Es fácil decir que amamos a nuestro prójimo, pero el amor que no se demuestra es un amor que no vale. ¿Cómo estamos demostrando ese amor al prójimo?. La única forma de hacerlo es por medio de hacer el bien al prójimo. ¿Que ha hecho de bueno en favor de su prójimo el día de hoy?. Quiera Dios que haya hecho algún bien. Evite hacer cualquier cosa en contra del prójimo, porque Dios dice que los que habitan con Él en el Tabernáculo son los que no hacen mal al prójimo.

Sexto, los que no admiten reproche alguno contra su vecino. Esto nos habla de fidelidad hacia los demás. ¿Que hace Usted cuando esta en una conversación donde sé esta acabando injustamente de una persona que Usted conoce y Usted sabe que lo que están diciendo no es verdad?. ¿Se queda callado?. Si se queda callado, Usted esta admitiendo el reproche contra su vecino. Lo prudente es salir en defensa de su vecino. Un día, un misionero me dio una gran lección sobre este asunto. Estábamos junto a. otras personas y alguien comenzó a hablar mal de un hermano que no estaba presente. Todos nosotros, menos aquel misionero, estábamos siendo cómplices del asesinato del carácter de una persona ausente, pero este misionero, alzo la voz y con tino dijo al que estaba hablando: Un momento, hermano, ¿diría Usted lo mismo que esta diciendo, si la persona de quien esta hablando estaría aquí presente?. El hermano que hablaba se quedo libido, Sabia que había sido reprendido por hablar mal de otro y nosotros sabíamos que habíamos sido reprendidos por admitir reproche contra el vecino. El que mora con Jehová en su Tabernáculo es aquel que no admite reproche contra su vecino. Los tres siguientes requisitos son nuevamente expresados otra vez en forma positiva.

Séptimo, el que desprecia a los que son viles. Esto tiene que ver con la gente con la que nos asociamos. Si queremos habitar en el Tabernáculo debemos alejamos de aquellos que desprecian a Dios y viven en el pecado. Ciertamente que debemos exhortarles a cambiar su conducta, pero si la exhortación no da efecto, no queda sino alejamos de ellos. Esta es una experiencia dolorosa para muchos nuevos creyentes. Sus amigos de la vieja vida quieren seguir manteniendo la amistad, pero se resisten a cambiar su conducta pecaminosa. El creyente sabe que debe cortar con esa amistad y eso causa dolor pero es necesario hacerlo. Recuerde el dicho: Quien con lobos se junta, a aullar aprende.

Octavo, el que honra a los que temen a Jehová. Debemos alejamos de las malas compañías, pero debemos acercamos a las buenas compañías. De eso es lo que estamos hablando. El que desea morar con Jehová en su Tabernáculo debe hacer amistades con personas maduras espiritualmente hablando. Debe buscar comunión con creyentes que estén fuertes en la vida cristiana. De esa manera estarán honrando a los que temen a Jehová.

Noveno, el que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia. Esto significa cumplir con la palabra empeñada, aunque eso signifique que vamos a perder beneficios. Permítame un ejemplo hipotético para ilustrarlo. Digamos que Usted esta vendiendo su casa. Aparece un comprador que ofrece 50.000 dólares, Usted acepta, se cierra el trato y se inician los tramites para las escrituras. Al siguiente día, viene otro comprador y le ofrece 60.000 dólares por su casa. ¿Que hará Usted?. Después de todo son 10.000 dólares que están en juego. Con tan solo decir al que ofreció 50.000 que ya no hay trato con él Usted ganaría 10.000 dólares más. Pero Usted ya dio su palabra al primero. El que habitara con Dios en su Tabernáculo, no faltara a su palabra aunque pierda esos 10.000 dólares. Eso es lo que enseña el texto. Los dos últimos requisitos son expresados en términos negativos nuevamente.

Décimo, el que su dinero no dio a usura. Esto significa el que no cobra un interés mucho mas alto que el legalmente establecido en los prestamos que hace. Había de una persona que no se inclina a la codicia aprovechando de la necesidad de los pobres. Gracias a Dios que en el cielo no estarán los chulqueros como los llamamos en Ecuador. Ningún chulquero entrara en el reino de los cielos.

Undécimo, el que no admite cohecho contra el inocente. Esto debería ponerse en un cuadro en cada oficina de gobierno. Quizás eso ayude a disminuir la corrupción, el cohecho, la coima, la mordida. Los jueces corruptos tendrán que tomar esto muy en cuenta. Como Usted vera los requisitos para morar con Dios en su Tabernáculo son bastante exigentes. ¿Cumple Usted con todos ellos?. Si me dice que si, yo le diría que entonces Usted es Jesucristo. Solo Jesucristo cumplió con todo esto y más. El hombre no puede por sí mismo cumplir con todo esto. Por eso necesita confiar en un Salvador. El Salvador cumple con todo eso y por medio de el, los que lo hemos recibido como Salvador podemos habitar con Dios en su Tabernáculo. Lo interesante es que cuando confiamos en Cristo, el nos hace nuevas personas capaces de crecer en el cumplimiento de estos requisitos que hemos visto hoy.

Finalmente encontramos la promesa al Salmista. La ultima parte de salmo 15:5 dice: “El que hace estas cosas, no resbalara jamás”. Esto es una garantía que da Dios a todos los justos. Por haber confiado en Cristo como nuestro Salvador y por haber sido revestidos de la justicia de Cristo, estamos ya morando en el Tabernáculo con Dios y de allí nadie nos puede sacar. No resbalaremos jamás. ¿Ha confiado Usted en Cristo como su Salvador?. Si no lo ha hecho no podrá jamás habitar con Jehová en su Tabernáculo. ¿Por que no lo hace este mismo memento?.