El Tiempo Preciso De Dios


“… y estad siempre preparados … ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” 1 Pedro 3:15

El pasado sábado 26 de enero, el hermano Reinaldo Sánchez, Armado con unas tablillas, un cartón, un alto conocimiento y una gran experiencia del tema, que como sargento paramédico de los Bomberos de Caracas maneja; dictó en nuestra Congregación el primero de varios talleres sobre primeros auxilios. Nos instruyó en un leguaje sencillo y ameno, la importancia de saber prestar atención en caso de heridas, hemorragias, quemaduras, inmovilizaciones, entre otras emergencias. Es e día la asistencia pudo haber sido mayor, pero para quienes asistimos jamás imaginamos lo útil y vital que eso puede ser en nuestra vida cotidiana. El hermano Reinaldo decía que el prestar los primeros auxilios no es saber a totalidad que hacer, sino conocer lo básico de lo que no se debe hacer. Y fue eso precisamente lo que protagonizó la siguiente historia.

Eran las 10:00 PM, cuando un hermano y yo caminábamos para llegar a Capitolio, después de tener unos minutos caminado se escucho la caída de algo metálico, yo le comentaba a el hermano que estaba de visita lo peligroso que se había vuelto esta zona; de pronto, caminando un poco más, volteamos a nuestra derecha y vimos un muchacho que estaba de rodillas pidiendo ayuda, nunca olvidare sus palabras: ¡Ayúdeme, por favor! Inmediatamente lo auxiliamos, lo acostamos y mientras el hermano que estaba conmigo lo chequeaba ya que es estudiante del último año de medicina, en ese instante el Señor me permitió poner en práctica lo que había aprendido, dejó de ser teoría. Ver la sangre comportarse como nos lo había enseñado, saber dominar los nervios, manejar el ánimo del herido, tratar de calmar a la gente, orientándolos a ayudarlo. Este joven tenía tres heridas de bala , y llegamos justo a tiempo para estabilizarlo lo más que se pudo, y luego trasladarlo en taxi a un hospital.

Hermanos, la moraleja de esta historia no es hacer la buena obra del día, sino que el Señor nos capacita para utilizarnos en el momento y lugar que El lo requiere; pero El nos necesita preparados, la asistencia a este taller pudo ser la diferencia entre la vida o la muerte de esa persona, y es así para todas las actividades. Hay personas trabajando en su congregación para ustedes, para que tengan las herramientas para edificarse, el conocimiento bíblico para ayudarse y brindar ayuda espiritual a quien necesite, usted es un instrumento de Dios, no lo vaya a olvidar … pero aún, el mejor instrumento si no se sabe utilizar bien es inútil, hermanos pensemos que tal vez hubiera sido usted, el que no asistió al taller ¿qué hubiera hecho?, ¿como hubiese actuado? hermanos, hermanas, es un llamado de amor de parte de Cr isto, el Señor, apoyemos las actividades de nuestra congregación; puede que sea la diferencia entre la vida y la muerte, tanto física o espiritual de un conocido o hasta de usted mismo. Dios nos capacita para utilizarnos; no veamos este tipo de actividades como simple cultura general. “… de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios”. Hebreos 13:16

“… No sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece”. Santiago 4:14

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EL PASADO MIÉRCOLES 6 de febrero, falleció de un paro respiratorio Manuel Dacorte, el joven, que auxiliamos y llevamos al hospital el domingo 3 de febrero por recibir tres impacto de balas. Cuando recibí la noticia, recordé una ocasión en la que compartía con una gran amiga y hermana; lo duro del trabajo de la medicina, el hecho de tener la responsabilidad de preservar la vida de otro ser humano. De ella aprendí que cada ocasión donde nos vemos involucrado es una batalla y que no siempre se gana cuando logramos salvar una vida, sino cuando se hace todo lo que esta a nuestro alcance y aún más allá de nuestras fuerzas. Está amiga murió de un paro cardiaco en un lugar repleto de médicos, ninguno pudo hacer nada para revivirla, la vida sólo es neblina, y lo único que necesitamos para morir es vivir.

Cada vez, que me veo expuesto de esta manera a la muerte, inevitablemente tengo que preguntar como estamos viviendo los días que el Señor nos regala, realmente estamos siendo personas útiles, preocupados en ser el reflejos de Jesús, si muriéramos que legado o huella dejaríamos en la obra del Señor. Nos sentiremos realmente satisfecho de nuestras vida. Hermanos cada día es una oportunidad para salvar la vida espiritual de un persona, cada día es un oportunidad para ayudar, construir y contribuir a la obra en su ciudad, la invitación es que aproveche cada día al máximo, tal vez no notemos los triunfos, pero nadie podrá decir que no hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance. Para finalizar lo invito a decirle a sus seres queridos lo mucho que lo ama.

“… anímense unos a otros cada día, mientras dura ese “hoy” de que habla la Escritura, para que ninguno de ustedes sea engañado por el pecado y su corazón se vuelva rebelde”. Hebreos 3:13