Pendiendo de su mano


“Te sostendré por la mano; te guardaré”
Isaías 42:6

Un mujer camina con su niño por la acera. En medio de la multitud se puede ver como este se aferra a ella. De pronto un alboroto ocurre, muchos corren, otros se esconden. El niño se abraza a las piernas de mamá quien le protege con su cuerpo mientras recibe todo tipo de empujones, y casi cae a tierra, sacudida por la multitud. ¿Cuál es la razón de este escándalo?, no se sabe, de pronto todo regresa a la calma. Mamá esta adolorida, pero feliz, de que a su hijito no le ha pasado nada. El sonríe y dice gracias, mami. Una lagrima decora la cara feliz de mamá y un broche de oro surge de su boca al decir : No hay de que hijo, sólo no te separes de mí, pues soy capaz de soportar todo por ti.

Depender de Dios, no sólo es muestra de una fe del tamaño de una semilla de mostaza, es también una característica del seguidor fiel de Jesucristo.

Depender de Dios es tener la seguridad de que no nos dejará caer en este vacío llamado mundo, es tener la certeza de que El no permitirá que tropecemos en la oscuridad que rodea esta vida cercada de tinieblas. Depender de Dios es encontrar gozo en medio del dolor, es vivir lleno de su voluntad y nutridos de su seguridad.

Depender de Dios en la casa, en la familia, en el hogar, en donde estudiamos, en el lugar de trabajo, etc. Es un sello de garantía Divina que dice soy siervo del Altísimo. De El dependo, no caeré jamás, si, de El dependo.

Hoy es un buen día para que pensemos de quien estamos atados, de Dios o de nuestras fuerzas. Hoy es un buen día para abrazarnos más de Dios.