Apocalipsis Capítulo 10

Capítulo 10

10:1 Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.
10:2 Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
10:3 y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.
10:4 Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.
10:5 Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,
10:6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,
10:7 sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.
10:8 La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.
10:9 Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.
10:10 Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.
10:11 Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

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1ra. de Pedro Capítulo 02

Capítulo 02

2:1 Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones,
2:2 desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,
2:3 si es que habéis gustado la benignidad del Señor.
2:4 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,
2:5 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.
2:6 Por lo cual también contiene la Escritura:
He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; 
Y el que creyere en él, no será avergonzado.
2:7 Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo;
2:8 y:
Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.
2:9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
2:10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.
2:11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,
2:12 manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.
2:13 Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior,
2:14 ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.
2:15 Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos;
2:16 como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.
2:17 Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.
2:18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.
2:19 Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.
2:20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.
2:21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;
2:22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca;
2:23 quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;
2:24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
2:25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

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El Plan De Dios Para La Salvación

Amigo mío: Te voy a hacer la pregunta más importante de tu vida. El gozo o la tristeza que experimentes en la eternidad dependen de tu respuesta. La pregunta es: ¿Estás salvado? La pregunta no es cuán bueno eres, o si perteneces a alguna iglesia, sino ¿estás salvado? ¿Estás seguro que irás al cielo cuando mueras?

Dios dice que para ir al cielo, tienes que nacer de nuevo. En Juan 3:7, Jesús le dijo a Nicodemo, “Os es necesario nacer de nuevo”. Dios nos da en la Biblia el plan de cómo nacer de nuevo, o cómo salvarse. Su plan es muy sencillo y tú puedes salvarte el día de hoy. ¿Cómo?

En primer lugar, amigo mío, debes reconocer que eres pecador. “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Por cuanto eres pecador, estás condenado a la separación eterna de Dios. “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6.23). Esta muerte incluye una separación eterna de Dios en el infierno. “ . . . está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27.

Sin embargo, Dios te amó de tal manera que dio a su Hijo unigénito, Jesucristo, como tu sustituto. El pagó por tu pecado en la cruz y murió en tu lugar. “ . . . por nosotros Dios lo hizo pecado [A Jesús, quien no conoció pecado] para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).

Jesús tuvo que derramar su sangre y morir por ti. “Porque la vida de la carne en la sangre está”, (Levítico 17:11).

“Sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22).

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Nuestra mente no alcanza a comprender cómo Jesús fue juzgado por todos nuestros pecados, pero Dios así lo afirma en su Palabra. Así que Jesús pagó por tu pecado y murió por ti. Esto es verdad, Dios no puede mentir.

Amigo mío, “Dios . . . ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Este arrepentimiento es un cambio de mente, es aceptar delante de Dios que eres pecador y necesitas apropiar lo que hizo por ti en la cruz.

En Hechos 16:30-3l, el carcelero de Filipos les preguntó a Pablo y Silas: “ . . . Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo . . . ”. Simplemente cree que él pagó por tus pecados, murió en tu lugar, fue sepultado, y resucitó. Esta resurrección le asegura al creyente que tiene vida eterna cuando recibe a Jesús como su Salvador personal.

Simplemente tienes que creer que él pagó por tus pecados, murió en tu lugar, fue sepultado y resucitó por ti. Luego invócalo. “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13. “Todo aquel” te incluye a ti. “Será salvo”

Deseas Aceptar La Salvación De Dios Hoy?

Guíese por esta oración:

“Padre Celestial, confieso que hasta ahora, he vivido como yo quise. Pero quiero a partir de ahora, vivir como tú dices que debo hacerlo. Yo acepto a Jesús como Señor y Salvador de mi vida, lo acepto de corazón, por fe, para que tú Dios Creador, perdones mis pecados. Creo que Jesús es el Hijo de Dios, único cordero que quita el pecado del mundo. Yo invoco al nombre de Jesús para vida eterna. Te doy gracias por esta maravillosa oportunidad de ser tu hijo espiritual, renuncio a mi anterior vida y renazco a una nueva, lleno de Espíritu Santo. En nombre de Jesús, Dios mío, Amén”.

– Gloria a Dios porque ahora, si medió tu fe al realizar esta oración, considérese una nueva criatura, permítale al Señor cambiar tu vida para hacer su voluntad, misma que puede encontrar leyendo las sagradas escrituras, ore a Dios y pídale que su Santo Espíritu le dirija, para que pueda encontrar una iglesia cristiana que ame a Dios y donde se predique su palabra no adulterada. Permítale a Dios que Él pueda cumplir su propósito en tí y agradécele por su regalo de vida eterna. Bienvenido/a a la familia de Dios.

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Apocalipsis Capítulo 19

Capítulo 19

19:1 Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro;
19:2 porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.
19:3 Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos.
19:4 Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya!
19:5 Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes.
19:6 Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!
19:7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.
19:8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.
19:9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.
19:10 Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.
19:11 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.
19:12 Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.
19:13 Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.
19:14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.
19:15 De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.
19:16 Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.
19:17 Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios,
19:18 para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes.
19:19 Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército.
19:20 Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre.
19:21 Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.

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Lamentaciones de Jeremías Capítulo 01

Capítulo 01

1:1 ¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa! 
La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, 
La señora de provincias ha sido hecha tributaria. 
1:2 Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas están en sus mejillas. 
No tiene quien la consuele de todos sus amantes; 
Todos sus amigos le faltaron, se le volvieron enemigos. 
1:3 Judá ha ido en cautiverio a causa de la aflicción y de la dura servidumbre; 
Ella habitó entre las naciones, y no halló descanso; 
Todos sus perseguidores la alcanzaron entre las estrechuras. 
1:4 Las calzadas de Sion tienen luto, porque no hay quien venga a las fiestas solemnes; 
Todas sus puertas están asoladas, sus sacerdotes gimen, 
Sus vírgenes están afligidas, y ella tiene amargura. 
1:5 Sus enemigos han sido hechos príncipes, sus aborrecedores fueron prosperados, 
Porque Jehová la afligió por la multitud de sus rebeliones; 
Sus hijos fueron en cautividad delante del enemigo. 
1:6 Desapareció de la hija de Sion toda su hermosura; 
Sus príncipes fueron como ciervos que no hallan pasto, 
Y anduvieron sin fuerzas delante del perseguidor. 
1:7 Jerusalén, cuando cayó su pueblo en mano del enemigo y no hubo quien la ayudase, 
Se acordó de los días de su aflicción, y de sus rebeliones, 
Y de todas las cosas agradables que tuvo desde los tiempos antiguos. 
La miraron los enemigos, y se burlaron de su caída. 
1:8 Pecado cometió Jerusalén, por lo cual ella ha sido removida; 
Todos los que la honraban la han menospreciado, porque vieron su vergüenza; 
Y ella suspira, y se vuelve atrás. 
1:9 Su inmundicia está en sus faldas, y no se acordó de su fin; 
Por tanto, ella ha descendido sorprendentemente, y no tiene quien la consuele. 
Mira, oh Jehová, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido. 
1:10 Extendió su mano el enemigo a todas sus cosas preciosas; 
Ella ha visto entrar en su santuario a las naciones 
De las cuales mandaste que no entrasen en tu congregación. 
1:11 Todo su pueblo buscó su pan suspirando; 
Dieron por la comida todas sus cosas preciosas, para entretener la vida. 
Mira, oh Jehová, y ve que estoy abatida. 
1:12 ¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? 
Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; 
Porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor. 
1:13 Desde lo alto envió fuego que consume mis huesos; 
Ha extendido red a mis pies, me volvió atrás, 
Me dejó desolada, y con dolor todo el día. 
1:14 El yugo de mis rebeliones ha sido atado por su mano; 
Ataduras han sido echadas sobre mi cerviz; ha debilitado mis fuerzas; 
Me ha entregado el Señor en manos contra las cuales no podré levantarme. 
1:15 El Señor ha hollado a todos mis hombres fuertes en medio de mí; 
Llamó contra mí compañía para quebrantar a mis jóvenes; 
Como lagar ha hollado el Señor a la virgen hija de Judá. 
1:16 Por esta causa lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas, 
Porque se alejó de mí el consolador que dé reposo a mi alma; 
Mis hijos son destruidos, porque el enemigo prevaleció. 
1:17 Sion extendió sus manos; no tiene quien la consuele; 
Jehová dio mandamiento contra Jacob, que sus vecinos fuesen sus enemigos; 
Jerusalén fue objeto de abominación entre ellos. 
1:18 Jehová es justo; yo contra su palabra me rebelé. 
Oíd ahora, pueblos todos, y ved mi dolor; 
Mis vírgenes y mis jóvenes fueron llevados en cautiverio. 
1:19 Di voces a mis amantes, mas ellos me han engañado; 
Mis sacerdotes y mis ancianos en la ciudad perecieron, 
Buscando comida para sí con que entretener su vida. 
1:20 Mira, oh Jehová, estoy atribulada, mis entrañas hierven. 
Mi corazón se trastorna dentro de mí, porque me rebelé en gran manera. 
Por fuera hizo estragos la espada; por dentro señoreó la muerte. 
1:21 Oyeron que gemía, mas no hay consolador para mí; 
Todos mis enemigos han oído mi mal, se alegran de lo que tú hiciste. 
Harás venir el día que has anunciado, y serán como yo. 
1:22 Venga delante de ti toda su maldad, 
Y haz con ellos como hiciste conmigo por todas mis rebeliones; 
Porque muchos son mis suspiros, y mi corazón está adolorido.

Lamentaciones de Jeremías Capítulo 02

Capítulo 02

2:1 ¡Cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sion! 
Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel, 
Y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su furor. 
2:2 Destruyó el Señor, y no perdonó; 
Destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob; 
Echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá,
Humilló al reino y a sus príncipes. 
2:3 Cortó con el ardor de su ira todo el poderío de Israel; 
Retiró de él su diestra frente al enemigo, 
Y se encendió en Jacob como llama de fuego que ha devorado alrededor. 
2:4 Entesó su arco como enemigo, afirmó su mano derecha como adversario, 
Y destruyó cuanto era hermoso. 
En la tienda de la hija de Sion derramó como fuego su enojo. 
2:5 El Señor llegó a ser como enemigo, destruyó a Israel; 
Destruyó todos sus palacios, derribó sus fortalezas, 
Y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y el lamento. 
2:6 Quitó su tienda como enramada de huerto;
Destruyó el lugar en donde se congregaban; 
Jehová ha hecho olvidar las fiestas solemnes y los días de reposo en Sion, 
Y en el ardor de su ira ha desechado al rey y al sacerdote. 
2:7 Desechó el Señor su altar, menospreció su santuario; 
Ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios; 
Hicieron resonar su voz en la casa de Jehová como en día de fiesta. 
2:8 Jehová determinó destruir el muro de la hija de Sion; 
Extendió el cordel, no retrajo su mano de la destrucción; 
Hizo, pues, que se lamentara el antemuro y el muro; fueron desolados juntamente. 
2:9 Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos; 
Su rey y sus príncipes están entre las naciones donde no hay ley; 
Sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová. 
2:10 Se sentaron en tierra, callaron los ancianos de la hija de Sion; 
Echaron polvo sobre sus cabezas, se ciñeron de cilicio; 
Las vírgenes de Jerusalén bajaron sus cabezas a tierra. 
2:11 Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas, 
Mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo, 
Cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad. 
2:12 Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? 
Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, 
Derramando sus almas en el regazo de sus madres. 
2:13 ¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante, hija de Jerusalén? 
¿A quién te compararé para consolarte, oh virgen hija de Sion? 
Porque grande como el mar es tu quebrantamiento; ¿quién te sanará? 
2:14 Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; 
Y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio, 
Sino que te predicaron vanas profecías y extravíos. 
2:15 Todos los que pasaban por el camino batieron las manos sobre ti; 
Silbaron, y movieron despectivamente sus cabezas sobre la hija de Jerusalén, diciendo: 
¿Es esta la ciudad que decían de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra? 
2:16 Todos tus enemigos abrieron contra ti su boca; 
Se burlaron, y crujieron los dientes; dijeron: Devorémosla; 
Ciertamente este es el día que esperábamos; lo hemos hallado, lo hemos visto. 
2:17 Jehová ha hecho lo que tenía determinado;
Ha cumplido su palabra, la cual él había mandado desde tiempo antiguo. 
Destruyó, y no perdonó; 
Y ha hecho que el enemigo se alegre sobre ti,
Y enalteció el poder de tus adversarios. 
2:18 El corazón de ellos clamaba al Señor; 
Oh hija de Sion, echa lágrimas cual arroyo día y noche; 
No descanses, ni cesen las niñas de tus ojos. 
2:19 Levántate, da voces en la noche, al comenzar las vigilias; 
Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; 
Alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos, 
Que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles. 
2:20 Mira, oh Jehová, y considera a quién has hecho así. 
¿Han de comer las mujeres el fruto de sus entrañas, los pequeñitos a su tierno cuidado? 
¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta? 
2:21 Niños y viejos yacían por tierra en las calles; 
Mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a espada; 
Mataste en el día de tu furor; degollaste, no perdonaste. 
2:22 Has convocado de todas partes mis temores, como en un día de solemnidad; 
Y en el día del furor de Jehová no hubo quien escapase ni quedase vivo; 
Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.

Lamentaciones de Jeremías Capítulo 03

Capítulo 03

3:1 Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo. 
3:2 Me guió y me llevó en tinieblas, y no en luz; 
3:3 Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día. 
3:4 Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos; 
3:5 Edificó baluartes contra mí, y me rodeó de amargura y de trabajo. 
3:6 Me dejó en oscuridad, como los ya muertos de mucho tiempo. 
3:7 Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas; 
3:8 Aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi oración; 
3:9 Cercó mis caminos con piedra labrada, torció mis senderos. 
3:10 Fue para mí como oso que acecha, como león en escondrijos; 
3:11 Torció mis caminos, y me despedazó; me dejó desolado. 
3:12 Entesó su arco, y me puso como blanco para la saeta. 
3:13 Hizo entrar en mis entrañas las saetas de su aljaba. 
3:14 Fui escarnio a todo mi pueblo, burla de ellos todos los días; 
3:15 Me llenó de amarguras, me embriagó de ajenjos. 
3:16 Mis dientes quebró con cascajo, me cubrió de ceniza; 
3:17 Y mi alma se alejó de la paz, me olvidé del bien, 
3:18 Y dije: Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová. 
3:19 Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel; 
3:20 Lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí; 
3:21 Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. 
3:22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
3:23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. 
3:24 Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. 
3:25 Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. 
3:26 Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová. 
3:27 Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. 
3:28 Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; 
3:29 Ponga su boca en el polvo, por si aún hay esperanza; 
3:30 Dé la mejilla al que le hiere, y sea colmado de afrentas. 
3:31 Porque el Señor no desecha para siempre; 
3:32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 
3:33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres. 
3:34 Desmenuzar bajo los pies a todos los encarcelados de la tierra, 
3:35 Torcer el derecho del hombre delante de la presencia del Altísimo, 
3:36 Trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo aprueba. 
3:37 ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? 
3:38 ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? 
3:39 ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado. 
3:40 Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová; 
3:41 Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos; 
3:42 Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste. 
3:43 Desplegaste la ira y nos perseguiste; mataste, y no perdonaste; 
3:44 Te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra; 
3:45 Nos volviste en oprobio y abominación en medio de los pueblos. 
3:46 Todos nuestros enemigos abrieron contra nosotros su boca; 
3:47 Temor y lazo fueron para nosotros, asolamiento y quebranto; 
3:48 Ríos de aguas echan mis ojos por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. 
3:49 Mis ojos destilan y no cesan, porque no hay alivio 
3:50 Hasta que Jehová mire y vea desde los cielos; 
3:51 Mis ojos contristaron mi alma por todas las hijas de mi ciudad. 
3:52 Mis enemigos me dieron caza como a ave, sin haber por qué; 
3:53 Ataron mi vida en cisterna, pusieron piedra sobre mí; 
3:54 Aguas cubrieron mi cabeza; yo dije: Muerto soy. 
3:55 Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda; 
3:56 Oíste mi voz; no escondas tu oído al clamor de mis suspiros. 
3:57 Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas. 
3:58 Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida. 
3:59 Tú has visto, oh Jehová, mi agravio; defiende mi causa. 
3:60 Has visto toda su venganza, todos sus pensamientos contra mí. 
3:61 Has oído el oprobio de ellos, oh Jehová, todas sus maquinaciones contra mí; 
3:62 Los dichos de los que contra mí se levantaron, y su designio contra mí todo el día. 
3:63 Su sentarse y su levantarse mira; yo soy su canción. 
3:64 Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos. 
3:65 Entrégalos al endurecimiento de corazón; tu maldición caiga sobre ellos. 
3:66 Persíguelos en tu furor, y quebrántalos de debajo de los cielos, oh Jehová.

Lamentaciones de Jeremías Capítulo 04

Capítulo 04

4:1 ¡Cómo se ha ennegrecido el oro! 
¡Cómo el buen oro ha perdido su brillo! 
Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles. 
4:2 Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro puro, 
¡Cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de manos de alfarero! 
4:3 Aun los chacales dan la teta, y amamantan a sus cachorros; 
La hija de mi pueblo es cruel como los avestruces en el desierto. 
4:4 La lengua del niño de pecho se pegó a su paladar por la sed; 
Los pequeñuelos pidieron pan, y no hubo quien se lo repartiese. 
4:5 Los que comían delicadamente fueron asolados en las calles; 
Los que se criaron entre púrpura se abrazaron a los estercoleros. 
4:6 Porque se aumentó la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma,
Que fue destruida en un momento, sin que acamparan contra ella compañías. 
4:7 Sus nobles fueron más puros que la nieve, más blancos que la leche; 
Más rubios eran sus cuerpos que el coral, su talle más hermoso que el zafiro. 
4:8 Oscuro más que la negrura es su aspecto; no los conocen por las calles; 
Su piel está pegada a sus huesos, seca como un palo. 
4:9 Más dichosos fueron los muertos a espada que los muertos por el hambre; 
Porque éstos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra. 
4:10 Las manos de mujeres piadosas cocieron a sus hijos;
Sus propios hijos les sirvieron de comida en el día del quebrantamiento de la hija de mi pueblo. 
4:11 Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira; 
Y encendió en Sion fuego que consumió hasta sus cimientos. 
4:12 Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan en el mundo, 
Creyeron que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusalén. 
4:13 Es por causa de los pecados de sus profetas, y las maldades de sus sacerdotes, 
Quienes derramaron en medio de ella la sangre de los justos. 
4:14 Titubearon como ciegos en las calles, fueron contaminados con sangre, 
De modo que no pudiesen tocarse sus vestiduras. 
4:15 ¡Apartaos! ¡Inmundos! les gritaban; ¡Apartaos, apartaos, no toquéis! 
Huyeron y fueron dispersados; se dijo entre las naciones: 
Nunca más morarán aquí. 
4:16 La ira de Jehová los apartó, no los mirará más; 
No respetaron la presencia de los sacerdotes, ni tuvieron compasión de los viejos. 
4:17 Aun han desfallecido nuestros ojos esperando en vano nuestro socorro; 
En nuestra esperanza aguardamos a una nación que no puede salvar. 
4:18 Cazaron nuestros pasos, para que no anduviésemos por nuestras calles; 
Se acercó nuestro fin, se cumplieron nuestros días; porque llegó nuestro fin. 
4:19 Ligeros fueron nuestros perseguidores más que las águilas del cielo; 
Sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscadas. 
4:20 El aliento de nuestras vidas, el ungido de Jehová, 
De quien habíamos dicho: A su sombra tendremos vida entre las naciones, fue apresado en sus lazos. 
4:21 Gózate y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Uz; 
Aun hasta ti llegará la copa; te embriagarás, y vomitarás. 
4:22 Se ha cumplido tu castigo, oh hija de Sion; 
Nunca más te hará llevar cautiva. 
Castigará tu iniquidad, oh hija de Edom; 
Descubrirá tus pecados.

Lamentaciones de Jeremías Capítulo 05

Capítulo 05

5:1 Acuérdate, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido; 
Mira, y ve nuestro oprobio. 
5:2 Nuestra heredad ha pasado a extraños, 
Nuestras casas a forasteros. 
5:3 Huérfanos somos sin padre; 
Nuestras madres son como viudas. 
5:4 Nuestra agua bebemos por dinero; 
Compramos nuestra leña por precio. 
5:5 Padecemos persecución sobre nosotros; 
Nos fatigamos, y no hay para nosotros reposo. 
5:6 Al egipcio y al asirio extendimos la mano, para saciarnos de pan. 
5:7 Nuestros padres pecaron, y han muerto; 
Y nosotros llevamos su castigo. 
5:8 Siervos se enseñorearon de nosotros; 
No hubo quien nos librase de su mano. 
5:9 Con peligro de nuestras vidas traíamos nuestro pan 
Ante la espada del desierto. 
5:10 Nuestra piel se ennegreció como un horno 
A causa del ardor del hambre. 
5:11 Violaron a las mujeres en Sion, 
A las vírgenes en las ciudades de Judá. 
5:12 A los príncipes colgaron de las manos; 
No respetaron el rostro de los viejos. 
5:13 Llevaron a los jóvenes a moler, 
Y los muchachos desfallecieron bajo el peso de la leña. 
5:14 Los ancianos no se ven más en la puerta, 
Los jóvenes dejaron sus canciones. 
5:15 Cesó el gozo de nuestro corazón; 
Nuestra danza se cambió en luto. 
5:16 Cayó la corona de nuestra cabeza; 
¡Ay ahora de nosotros! porque pecamos. 
5:17 Por esto fue entristecido nuestro corazón, 
Por esto se entenebrecieron nuestros ojos, 
5:18 Por el monte de Sion que está asolado; 
Zorras andan por él. 
5:19 Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre; 
Tu trono de generación en generación. 
5:20 ¿Por qué te olvidas completamente de nosotros, 
Y nos abandonas tan largo tiempo? 
5:21 Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; 
Renueva nuestros días como al principio. 
5:22 Porque nos has desechado; 
Te has airado contra nosotros en gran manera.

Ezequiel Capítulo 01

Capítulo 01

1:1 Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo en medio de los cautivos junto al río Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.
1:2 En el quinto año de la deportación del rey Joaquín, a los cinco días del mes,
1:3 vino palabra de Jehová al sacerdote Ezequiel hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar; vino allí sobre él la mano de Jehová.
1:4 Y miré, y he aquí venía del norte un viento tempestuoso, y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como bronce refulgente,
1:5 y en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes. Y esta era su apariencia: había en ellos semejanza de hombre.
1:6 Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas.
1:7 Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies como planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce muy bruñido.
1:8 Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus caras y sus alas por los cuatro lados.
1:9 Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían cuando andaban, sino que cada uno caminaba derecho hacia adelante.
1:10 Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila.
1:11 Así eran sus caras. Y tenían sus alas extendidas por encima, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras dos cubrían sus cuerpos.
1:12 Y cada uno caminaba derecho hacia adelante; hacia donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban; y cuando andaban, no se volvían.
1:13 Cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto era como de carbones de fuego encendidos, como visión de hachones encendidos que andaba entre los seres vivientes; y el fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos.
1:14 Y los seres vivientes corrían y volvían a semejanza de relámpagos.
1:15 Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una rueda sobre la tierra junto a los seres vivientes, a los cuatro lados.
1:16 El aspecto de las ruedas y su obra era semejante al color del crisólito. Y las cuatro tenían una misma semejanza; su apariencia y su obra eran como rueda en medio de rueda.
1:17 Cuando andaban, se movían hacia sus cuatro costados; no se volvían cuando andaban.
1:18 Y sus aros eran altos y espantosos, y llenos de ojos alrededor en las cuatro.
1:19 Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban.
1:20 Hacia donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban; hacia donde les movía el espíritu que anduviesen, las ruedas también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.
1:21 Cuando ellos andaban, andaban ellas, y cuando ellos se paraban, se paraban ellas; asimismo cuando se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.
1:22 Y sobre las cabezas de los seres vivientes aparecía una expansión a manera de cristal maravilloso, extendido encima sobre sus cabezas.
1:23 Y debajo de la expansión las alas de ellos estaban derechas, extendiéndose la una hacia la otra; y cada uno tenía dos alas que cubrían su cuerpo.
1:24 Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente, como ruido de muchedumbre, como el ruido de un ejército. Cuando se paraban, bajaban sus alas.
1:25 Y cuando se paraban y bajaban sus alas, se oía una voz de arriba de la expansión que había sobre sus cabezas.
1:26 Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él.
1:27 Y vi apariencia como de bronce refulgente, como apariencia de fuego dentro de ella en derredor, desde el aspecto de sus lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor.
1:28 Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor. Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Y cuando yo la vi, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba.