La Respuesta Del Hombre


¡Oh, el maravilloso amor que Él ha prometido,
Promesa para Ud. y para mí!
Aunque hemos pecado, Él tiene misericordia y perdón,
Perdón para Ud. y para mí.
Will L. Thompson

La salvación es totalmente una obra de Dios. Nosotros no aportamos con nada porque no tenemos nada que aportar.

El Dios Soberano la planificó antes de la fundación del mundo (Efesios 1:3-12). Él lo hizo posible mediante la muerte de Su Hijo (Juan 3:16) y nos llama a ser salvos (Romanos 8:30).

Pero aunque no aportamos con nada a nuestra salvación, tampoco nos quedamos sin hacer nada. No somos solamente receptores pasivos de la gracia de Dios, sino que debemos responder activamente a esa gracia.
Cuando somos confrontados con la verdad de Jesucristo, podemos responder en una de dos maneras. Puede ser que rechacemos esa verdad; o puede ser que aceptamos esa verdad y actuemos conforme a esa verdad. Sólo esto último permitirá que Ud. vaya al cielo cuando muera.
Si Ud. acepta esa verdad, Ud. habrá creído en el Evangelio.
Cuando Pedro predicó a la multitud congregada junto a la puerta que se llama la Hermosa, dijo: “Así que, arrepentios y convertios, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19).
Cuando Pablo respondió al carcelero de Filipos en cuanto a qué es lo que se debe hacer para ser salvo, dijo: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hechos 16.31).
Pero cuando Pablo escribió a los Romanos sobre la salvación, dijo: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).
Si Ud. decide responder positivamente a la provisión de Dios para su salvación, sucederán tres cosas. Estos tres elementos en conjunto encierran lo que significa creer en el evangelio.

Ud. Debe entender los hechos del evangelio

Estos hechos, que son los que Ud. ha estado leyendo en este libro, no son complicados, pero son rechazados por la mayoría de la gente que es confrontada con ellos.

El hecho que Dios le ama.

Otros pueden decir que le aman, pero sólo Dios demostró Su amor al enviar a Su Hijo para que muera por Ud. Es necesario que Ud. entienda que Dios realmente le ama.

El hecho que Ud. Es un pecador

Ud. nació como tal, y Ud. ha decidido vivir de esa manera cada día. No tiene sentido el negarlo. Yo ya sé lo que diría su esposa, sus hijos o sus amigos íntimos si yo les preguntara si Ud. es un pecador. Dios dice lo mismo: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Ud. debe entender que Ud. es realmente un pecador.

El hecho que, por cuanto Ud. Es un pecador, Ud. Merece estar impedido de entrar al cielo para siempre.

La paga del pecado es terrible, es la eterna separación de Dios. “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6.23) hablando del Juicio final ante el Gran Trono Blanco, dice la Biblia: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:15). Ud. debe entender que si no se hace algo en cuanto a su pecado, Ud. estará condenado al infierno por la eternidad.

La Necesidad Del Hombre


Venid, vosotros trabajados y cansados,
Heridos y quebrantados por la caída;
Si demoráis hasta que os sintáis mejor,
Nunca llegaréis a venir.
Joseph Hart

El hombre es un pecador y sobre todas las cosas necesita del amor de Dios; porque sin ese amor nunca tendrá perdón. Y sin perdón nunca llegará al cielo.
El amor de Dios es Universal. Y la necesidad del hombre también es universal. “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23) si la palabra “mundo” incluye a cada ser humano, la palabra “todos” también. Esto significa que Ud. y yo estamos incluidos. Todos hemos pecado.
Ud. tiene una necesidad, por cuanto Ud. es pecador. Yo tengo una necesidad, por cuanto yo soy pecador también. Yo no he podido guardar la ley de Dios a la perfección. Yo no he podido ser todo lo que Dios esperó de mí a al crearme. A veces he desobedecido a Dios intencionalmente. Si Ud. es honesto, Ud. estará de acuerdo que lo mismo ha pasado con Ud. estará de acuerdo que lo mismo ha pasado con Ud. todos somos pecadores necesitados del amor de Dios.
¿Qué sería de nosotros sin el amor de Dios?

Sólo mire a su alrededor. Un hombre desquiciado lleva su camioneta a una cafetería de Texas y dispara a un par de docenas de personas y luego él mismo se dispara. Una joven mujer es abusada sexualmente por años antes de tener el valor de denunciarlo. Niños no nacidos aún son sometidos a un dolor indescriptible y a un sufrimiento atroz durante un aborto. Por todo lado nos encontramos con gente mentirosa, deshonesta, funcionarios públicos corruptos y ladrones comunes. ¿Qué esperanza habría para gente así, si Dios no fuera amor?

Quizás Ud. no ha matado a nadie. A lo mejor Ud. no es ladrón. Tal vez Ud. esté tratando de ser un buen ciudadano e inclusive se preocupa por la contaminación ambiental. Pero a pesar de todo esto, Ud. tiene una necesidad, una gran necesidad. Ud. es un pecador.
Veamos nuestro pecado en cada uno de los seis pedazos en que voy a dividir un pastel recién sacado del horno. Digamos que cada uno de los pedazos de este pastel es una evidencia a favor de que todos somos pecadores.

Si me comiera solamente un pedazo de pastel de verdad, ya habría participado de todo el pastel. Igualmente, si uno sólo de estos seis pedazos o piezas de evidencia, se aplican a mí, el veredicto es que soy un pecador. Lamentablemente yo soy condenado por cada una de las seis evidencias.

EL HIJO DEL HOMBRE

En Mateo 16:13 Jesús se auto define como el Hijo del Hombre. Pero Salmo 146:3 dice que no se debe confiar en hijo de hombre. ¿Cómo puede ser esto?

Permítame explicarle cómo puede ser. Para eso demos lectura al pasaje que se encuentra en Mateo 16:13-16 donde dice: “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”

Interesante episodio. Jesús pregunta a los discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Hijo del Hombre es el título que más frecuentemente usó Jesús cuando hablaba de sí mismo.

Este título tiene sus raíces en la profecía de Daniel 7:13-14 cuando el Anciano de Días, Dios el Padre da al hijo de hombre dominio, gloria y reino que nunca pasará. El hijo de hombre no es otro sino el Mesías, el Cristo.

La gente tenía su propia opinión de Jesús. Unos decían: Es Juan el Bautista. Otros: Elías. Otros: Jeremías. Otros: alguno de los profetas. Pero nadie acertó en su opinión. Solamente uno, Pedro dijo lo que Jesús era en realidad: Tú res el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

De modo que. El Hijo del Hombre, con mayúscula, es el título del Cristo, del Mesías, del Dios hecho hombre, Jesucristo. No se refiere de ninguna manera a un hombre común y corriente.

Dicho esto, veamos ahora lo que nos dice Salmo 146:3 donde leemos: “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.”

El salmo 146 contrasta la perfección, poder y sabiduría de Dios con la imperfección, debilidad y necedad del hombre. Por eso es que el salmista exhorta a todos a confiar en Dios y a no confiar en el hombre. Ni siquiera en los hombres poderosos de la tierra vale la pena confiar.

Cuando el salmista habla de hijo de hombre, se está refiriendo a un ser humano, por más ilustre o poderoso que sea.

Jeremías 17:5 dice: “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.”

Es una necedad dejar de confiar en Jehová y comenzar a confiar en hombres aunque sean famosos o importantes. Esto es lo que dice este texto.

De modo que, cuando en Mateo 16:13 se habla del Hijo del Hombre, está en mayúsculas dando a entender que no se trata de un hombre común y corriente sino de Dios en forma humana, el Cristo, el Mesías. Debemos confiar en él.

En cambio cuando en Salmo 146:3 se habla de hijo de hombre, está en minúsculas, dando a entender que se trata de cualquier ser humano. No debemos confiar en él.