¿Cómo hablamos?


“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal”

Colosenses 4:6

Jesús dijo, Vuestras palabras sean siempre sazonadas con sal.

Hablar, es un don maravilloso legado por Dios a los seres humanos, cuantas cosas se consiguen en un dialogo afectuoso, educado y cordial; muchas.

La palabra hablada es sin lugar a dudas el mejor vehículo para comunicarnos. Sin embargo cuando ese vehículo es manejado de forma imprudente, alguien puede salir atropellado. La palabra como todo don de Dios tiene como objetivo glorificar al Creador y como consecuencia obtener beneficios para los otros humanos.

Recuerdo a un viejo compañero de trabajo, era de nacionalidad cubana, un empleado excelente, me decía: “ A mí cualquier persona me puede llamar la atención, es más me puede incluso insultar, si lo hace con respeto y altura, lo aceptaría. Pero si me dicen cosas bellas, o quieren ensalzarme y para ello emplean palabras irrespetuosas, no lo acepto y me molesto.

La palabra hablada, en Jesucristo el Verbo Divino, tiene su mejor representante, El Señor nos invita con su ejemplo a decir sólo lo necesario, a no desperdiciar fuerzas, a decir cuando hablemos, sólo palabras sazonadas con sal. En otras palabras, Jesús nos invita a hablar cosas que dejen algo bueno en quienes oyen o escuchan. Cosas que edifiquen al receptor de nuestras palabras.

Hay personas que hablan tanto que dicen incluso lo que no deben. Dice el libro de los proverbios : En las muchas palabras hay pecado.

¿Ha escuchado usted las palabras del silencio? El silencio dice mucho, tanto que para aprender de el debemos estar en silencio.

Importa como hablamos?


“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal”

Colosenses 4:6

Jesús dijo, Vuestras palabras sean siempre sazonadas con sal.

Hablar, es un don maravilloso legado por Dios a los seres humanos, cuantas cosas se consiguen en un dialogo afectuoso, educado y cordial; muchas.

La palabra hablada es sin lugar a dudas el mejor vehículo para comunicarnos. Sin embargo cuando ese vehículo es manejado de forma imprudente, alguien puede salir atropellado. La palabra como todo don de Dios tiene como objetivo glorificar al Creador y como consecuencia obtener beneficios para los otros humanos.

Recuerdo a un viejo compañero de trabajo, era de nacionalidad cubana, un empleado excelente, me decía: “ A mí cualquier persona me puede llamar la atención, es más me puede incluso insultar, si lo hace con respeto y altura, lo aceptaría. Pero si me dicen cosas bellas, o quieren ensalzarme y para ello emplean palabras irrespetuosas, no lo acepto y me molesto.

La palabra hablada, en Jesucristo el Verbo Divino, tiene su mejor representante, El Señor nos invita con su ejemplo a decir sólo lo necesario, a no desperdiciar fuerzas, a decir cuando hablemos, sólo palabras sazonadas con sal. En otras palabras, Jesús nos invita a hablar cosas que dejen algo bueno en quienes oyen o escuchan. Cosas que edifiquen al receptor de nuestras palabras.

Hay personas que hablan tanto que dicen incluso lo que no deben. Dice el libro de los proverbios : En las muchas palabras hay pecado.

¿Ha escuchado usted las palabras del silencio? El silencio dice mucho, tanto que para aprender de el debemos estar en silencio.