LAS EXCELENCIAS DE LA MUJER MADRE


Ser mujer y ser madre es lo más excelente del género humano. Es cumplir con la doble misión que Dios encomendó a la mujer. Gn. 3.16; es hacer la voluntad divina. Por eso, Dios la dotó de virtudes propias de su sexo y he aquí lo que la Palabra revela acerca de este asunto:

1 – Una mujer madre es prudente. Sn Lc. 2.19. Todos los sucesos del hogar y de la vida familiar son guardados en completo secreto como cosas sagradas, especiales; no tienen por qué ser divulgados ligeramente. Ejerce su sabiduría con sabiduría. No habla mal de los suyos ni de los demás.

2 – Una mujer madre es obediente a Dios y a su esposo. 1ª P. 3.6; Gn. 18.12. El concepto de obediencia está muy deteriorado actualmente; pero debe prevalecer el consejo de la Palabra y su ejemplo. La obediencia se hace patente en el respeto mutuo de los integrantes del hogar.

3 – Una mujer madre es hábil para sortear los peligros. Ex. 2.26; Hch. 7.20. Jocabed tuvo la suficiente habilidad para tener escondido a su hijo durante tres meses y María llevó a su hijo a Egipto librándolo del peligro de la muerte, Sn Mt. 2.13:15.

4 – Una mujer madre es creyente fiel de las promesas de Dios. Sn Jn. 13.2:14; Sn Lc. 1.13:14. La bendición de fecundar en su propio cuerpo un nuevo ser viviente, es la evidencia de la fe en las promesas de Dios. La madre siempre debe creer a los dichos de Dios aunque parezcan sumamente difíciles.

5 – Una mujer madre es constante y paciente en la oración. 1º S. 1.9:28. Abnegación, lágrimas, sufrimiento, son ingredientes propios de la oración maternal. Antes del nacimiento, después del nacimiento, durante el crecimiento y aún en la edad adulta, el hijo será motivo de oración.

6 – Una mujer madre es consejera eficiente de su hijo. Pr. 31.2:9; Jue. 14.3. Aconsejar a los hijos es papel muy difícil; pero la madre tiene la virtud de saberlo hacer con la autoridad y la gracia necesarios. Previene acerca de los peligros con sus sabios consejos. Fuera bueno oirlas.

7 – Una mujer madre educa a sus hijos en el temor y conocimiento de Dios. Pr. 22.6; 2ª Ti. 1.5; 2ª Ti. 3.14:15. La mejor educación religiosa de los hijos la da la madre; si ésta no efectúa dicha labor, no habrá bases sólidas de dicha educación. Es la madre la que constantemente repite los versículos de la Biblia en el hogar; si no lo hace está perdiendo el tiempo de sembrar en el corazón de sus hijos la simiente de la Palabra de Dios.

Aún faltan por enumerar otras virtudes; pero bastan como ejemplos bíblicos para las madres de nuestro tiempo.
Que ellas puedan inspirarse en tan sublimes ejemplos y hagan patentes las excelencias morales y espirituales con que Dios las dotó.