HAY DIFERENCIA ENTRE CREYENTE Y CRISTIANO

¿Por qué Usted utiliza el término creyente cuando se refiere a un cristiano? ¿Cuál es la diferencia entre un creyente y un cristiano?

Efectivamente, yo, personalmente, he escogido el término creyente, e inclusive añadiendo el calificativo verdadero, para referirme a los cristianos verdaderos.

La razón es muy sencilla. Lo que pasa es que nuestra amada Latinoamérica, está llena de cristianos, pero cuando uno se pone a analizar su condición espiritual, llega a la conclusión que de cristianos no tienen absolutamente nada, aparte del nombre, por supuesto.

Ser cristiano en Latinoamérica, ha llegado a ser un sinónimo de ser una persona. Con contadas excepciones, si Usted pregunta a una persona en cualquier país de América Latina, y en cualquier ciudad de ese país ¿Es Usted cristiano? Le mirará con una cara de sorpresa, como diciendo: Qué raro es este hombre y más rara su pregunta. ¿Qué? ¿No me ve? ¿Acaso piensa que soy un animal?

Mucha gente da por sentado que es cristiano, porque es miembro de alguna religión que tiene algo que ver con Cristo o porque sus ancestros son cristianos.

Piensan que ser cristiano es cuestión de nacer de padres cristianos. Es decir existe una tremenda confusión en cuando al significado de la palabra cristiano. Por eso, para establecer una diferencia, es que yo, personalmente, he adoptado el término creyente verdadero para hablar de una persona realmente cristiana.

Ahora la gran pregunta sería: ¿Cuál es entonces el significado correcto de la palabra cristiano? Para responder esta consulta, es necesario recurrir a la primera vez que se usa esta palabra en el Nuevo Testamento.

Incidentalmente, la palabra cristiano aparece solamente tres veces en el Nuevo Testamento, en Hechos 11:26, en Hechos 26:28 y en 1 Pedro 4:16.

Leamos entonces Hechos 11:26 donde dice: “Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia”

Bernabé había ido a Tarso a buscar a Saulo, quien más tarde se llamó Pablo. Una vez que lo encontró lo trajo a una iglesia en la ciudad de Antioquia. Pablo y Bernabé se congregaron con la iglesia en Antioquia durante un año. ¿Qué hicieron los dos en ese año? El texto dice que se dedicaron a enseñar a mucha gente. Es decir que Pablo y Bernabé tuvieron muchos discípulos en la iglesia en Antioquia. Un discípulo es en esencia un aprendiz. Fue a estos discípulos o aprendices, a quienes se les llamó cristianos.

Hablando del significado de esta palabra, el autor W. E. Vine dice que la palabra cristiano está formada siguiendo el estilo romano, significando un seguidor de Jesús. Luego pasa a decir que aunque la palabra que se ha traducido como “se les llamó” en Hechos 11:26, se podría usar en el original indistintamente de un nombre adoptado por uno mismo o dado por otros, no parece que los discípulos lo hubieran adoptado por sí mismos en la época de los apóstoles.

Hasta aquí la cita de este autor. Es por ello que se acepta que el término cristiano fue un apodo o un apelativo que la gente no cristiana utilizaba para referirse en sentido peyorativo a aquellos que estaban en el proceso de ser semejantes a Cristo.

Se dice que el sentido de la palabra cristiano tiene que ver con un pequeño Cristo. Esto es fascinante. Un discípulo de Cristo en el primer siglo era un Cristo en pequeño. Por su palabra y su conducta, la gente podía ver a Cristo en la vida de estos discípulos. Esto nos lleva al meollo del asunto.

Un cristiano es alguien que vive a Cristo, alguien que manifiesta a Cristo en su forma de ser, en su hablar, en su conducta.

Para ser cristiano es necesario entonces tener a Cristo en la vida de uno. Porque de otra manera no se puede manifestar a Cristo en la vida de uno. Nadie puede manifestar algo que no lo tiene.

Otra gran pregunta es entonces ¿Cómo puede una persona tener a Cristo en su vida, de modo que pueda manifestarlo como un cristiano? Bueno, primero, permítame indicar las maneras como no se puede lograr esto. No se puede lograr por medio de ser miembro de alguna religión. Ni siquiera por medio de ser miembro de la religión judaica.

Cuando un fariseo muy religioso, llamado Nicodemo, se acercó a Jesús de noche, Jesús le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Si tener a Cristo en la vida de uno fuera cuestión de religión, Nicodemo sería el mejor candidato. Pero Jesús mismo le dijo que eso no es posible.

Tampoco es posible por medio de hacer buenas obras. Mucha gente tiene una idea de Dios como un viejo bonachón que tiene una balanza en su mano. Una balanza para cada ser humano. Las buenas obras que hace la persona mientras vive en este mundo, se colocan en uno de los platos de la balanza y las malas obras que hace la persona mientras vive en este mundo, se colocan en el otro plato de la balanza.

Cuando el individuo muere físicamente, llega el momento de ver a qué lado se inclina la balanza. Si la balanza se inclina hacia el lado de las buenas obras, en buena hora, la persona se ha salvado, pero si la balanza se inclina hacia el lado de las malas obras, qué tristeza, la persona no se ha salvado.

Es por esta forma de pensar que ante la pregunta de ¿Irá Usted al cielo? Mucha gente responde diciendo: No sé. Eso es cuestión de Dios. Él sabrá si me manda al cielo o al infierno. Pero ¿Sabe lo que dice la Biblia? Efesios 2:8-9 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”

La palabra de Dios no puede ser más clara en cuanto a que si una persona depende de sus buenas obras para tener a Cristo en su vida, está irremediablemente perdida.

Ya hemos dicho lo suficiente para saber la manera como no se puede tener a Cristo en la vida. Ahora hablemos de la única manera como se puede tener a Cristo en la vida. De lo que ya hemos dicho, se desprende que es necesario nacer de nuevo. ¿Recuerda lo que Jesús dijo al fariseo Nicodemo? El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nacer de nuevo es una obra de gracia de Dios por medio de la fe. ¿Recuerda lo que leímos en Efesios 2: 8-9? Porque por gracia sois salvos por medio de la fe. Si una persona desea nacer de nuevo, o desea ser verdaderamente cristiana, necesita reconocer que eso será una obra de gracia de Dios, es decir que es algo que el hombre no lo merece. Además necesita echar mano de su fe.

Ahora bien, la fe necesita tener un objeto. El objeto de la fe hace que la fe sea firme o vana. Si yo me arrojo de un avión en vuelo teniendo fe en mi habilidad de volar como las aves, me haré pedazos al chocar contra el suelo, porque el objeto de mi fe, mi habilidad para volar como las aves, no es firme. Tengo que mirar bien en donde voy a depositar mi fe.

En cuanto a esto, no hay mejor cosa que depositar la fe en la palabra de Dios. Dios no puede mentir o engañar. Él ha dicho en su Palabra cosas como ésta: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”

Si una persona quiere tener vida eterna, que es lo mismo que tener a Cristo en su vida, porque Cristo es la vida eterna, es necesario que esa persona crea en el Hijo. Es necesario que crea que Cristo Jesús, murió por esa persona en la cruz, recibiendo el castigo que esa persona como pecador merece, porque la palabra de Dios declara que la paga del pecado es muerte.

Si la persona cree todo esto, su fe, si es verdadera, debe mover a la persona a recibir a Cristo como Salvador. Entonces la persona nacerá de nuevo, o tendrá a Cristo en su vida y podrá comenzar a manifestar a Cristo en su hablar, en su accionar. Estaremos hablando ya de un cristiano verdadero. Esta persona no tendrá una religión, sino una comunión personal con Cristo. Eso es ser cristiano.

Como Usted podrá notar ser cristiano no es formar parte de una religión o someterse a los ritos religiosos de cualquier religión. Ser cristiano es un estilo de vida, que comienza cuando la persona llega a tener comunión con Cristo y continúa mientras la persona está en este mundo, mientras va manifestando a Cristo en su vida y mientras el Espíritu Santo va moldeando a esta persona para transformarle poco a poco en la imagen misma de Cristo. El Padre celestial ve a Cristo en todas las personas que han recibido a Cristo como Salvador. Es el único requisito para que alguien pueda entrar al cielo. Para establecer esta diferencia es que yo he adoptado la costumbre de hablar de creyentes verdaderos en contraste con los que son cristianos solo de nombre.

Originally posted 2011-11-07 03:24:17. Republished by Blog Post Promoter

¿Está bien jugar a las cartas (barajas) entre amigos creyentes, como el popular “truco”?.

Bueno, hasta donde me he informado, el truco es un juego de cartas muy popular en Argentina, en el cual los jugadores pueden apostar dinero o simplemente hacerlo por diversión. La palabra de Dios condena los juegos en los cuales se confía en la fortuna para ganar. Uno de los muchos pecados con que el pueblo de Israel ofendió a Dios fue justamente el confiar en la fortuna. Isaías 65:11-12 dice:

“pero vosotros los que dejáis a Jehová, que olvidáis mi santo monte, que ponéis mesa para la Fortuna, y suministráis libaciones para el Destino; yo también os destinaré a la espada, y todos os arrodillaréis al degolladero, por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oísteis, sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me desagrada.”

El pueblo de Israel dio la espalda a Jehová y se volvió a la Fortuna. Fortuna, es la traducción de Gad que era el dios arameo de la suerte. También se volvió al Destino. Destino es la traducción de Meni, el dios arameo del destino. Todo aquel que confía en la fortuna o el destino para ganar la lotería o cualquier juego de azar, está dando las espaldas a Dios y esto es algo muy serio. Note que en el caso de Israel, eso les trajo la consecuencia de arrodillarse en el degolladero para ser decapitados. Confiar en la Fortuna y el Destino es hacer lo malo delante de los ojos de Jehová y escoger justamente lo que le desagrada. Esto se aplica a todo juego de azar, donde la fortuna y el destino eligen a sus favorecidos. pero Ud. me dirá con mucha razón, ¿Y si no se apuesta dinero y se lo hace solo por diversión? Bueno, al respecto es necesario señalar que si hemos de disfrutar en su plenitud de las bendiciones que están disponibles en Cristo, debemos mantenernos completamente apartados de todo aquello que es dudoso y el juego de cartas por placer lo es. Los jugadores profesionales que derrochan su bien o mal habido dinero en los casinos, no se hicieron tales de la noche a la mañana. Todos ellos comenzaron cuando niños o jóvenes jugando al aparentemente inocente juego de las cartas solo por placer. Esto se hizo un vicio y sin que ellos lo noten fueron arrastrados a la pasión de los juegos de azar. Además la práctica de jugar a las cartas solo por placer tiene la desventaja de ser una diversión en la cual raramente se usa de moderación. prácticamente cada jugador con las cartas en su mano, confía en la fortuna para ganar, aunque sea solo la satisfacción de haber derrotado a todos. Adultos que juegan a las cartas pronto se encontrarán invirtiendo precioso tiempo que bien podría ser utilizado de una manera más productiva. Mujeres que juegan a las cartas pronto se encontrarán invirtiendo precioso tiempo que podrían dedicar al cuidado de sus familias y al mejoramiento de su cultura. Jóvenes que juegan a las cartas, pronto se encuentran invirtiendo tanto tiempo que podrían dedicar al estudio y a la preparación que necesitan para ser útiles el día de mañana. Ud. y yo conocemos de cantidad de casos de hombres y mujeres, que han descuidado su hogar y sus hijos por las cartas, de hombres que han descuidado sus negocios y de jóvenes que han hecho lo mismo con el estudio. El juego de cartas es absorbente, esclavizante. No es simplemente un juego fascinante, es un juego intoxicante y por lo tanto, peligroso. Además de esto, si el juego de cartas no perjudica al que lo juega, es muy posible que perjudique a los demás. Los jóvenes que ven a un creyente jugando a las cartas serán estimulados a jugar también y para ellos será muy difícil hacerlo con moderación. En este caso se aplica a la perfección el consejo del apóstol pablo en 1 Corintios 10:23-24 que dice:

“Todo me es lícito, pero no todo conviene, todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.”

puede ser que para una persona muy madura en esta área de jugar a las cartas, le sea lícito hacerlo, pero eso no significa que puede hacerlo sin problema, porque puede ser que aunque para él sea lícito esto de jugar a las cartas, sin embargo sea inconveniente para otros y por tanto algo que no edifica. Es por eso que pablo dice: Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. por lo dicho, mi consejo es evitar el juego a las cartas, aun cuando sea solo por placer.

Originally posted 2011-11-07 03:11:33. Republished by Blog Post Promoter

Quien sembro discordia entre los hermanos, Dios o un testigo falso


Nos pide aclarar una aparente contradicción en la Biblia, entre Proverbios 6:19 y Génesis 11:7. Según la cita en Proverbios, un testigo falso es uno que siembra discordias entre hermanos y según la cita en Génesis, Dios dijo: Descendamos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. ¿Es Dios quien sembró discordia entre los hermanos al confundir la lengua de todos, y ninguno podía entenderse con los demás?

Interesante su consulta. Partamos del hecho que la Biblia es la palabra de Dios y que por tanto no puede jamás contener contradicciones en ninguna de sus partes. Dios no es hombre para que se equivoque ni hijo de hombre para que se contradiga.

Leamos con atención lo que tenemos en Proverbios 6:19 Dice así: “El testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordias entre los hermanos”

Este versículo es parte de un pasaje bíblico en el cual Jehová presenta siete cosas que aborrece o abomina su alma.

Una de esas siete cosas es el testigo falso que habla mentiras. Digamos el vulgar mentiroso que con sus falsedades atenta contra la integridad de otra persona.

Otra de esas siete cosas es el que siembra discordia entre hermanos. Esto se refiere al hombre que va con cuentos o rumores a una persona y le dice: Fulano me dijo que eres esto y aquello, o que hiciste esto o aquello, o que dijiste esto y aquello, mintiendo por supuesto.

La persona entonces se enfurece contra aquel fulano, y va donde él y le reclama airadamente y le insulta y le agrede físicamente, es decir, se arma una gran pelea, mientras que el que sembró la discordia estará riéndose para sus adentros.

La conducta del que siembra discordia es aborrecida por Jehová. Esto es lo que enseña el texto bíblico citado por Usted en Proverbios.

Ahora demos lectura al texto que se encuentra en Génesis 11:7 donde dice: “Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero”

Este texto describe la acción de Dios en respuesta al vano intento del hombre por edificar una torre tan alta, cuya cúspide llegue al cielo. El hombre siempre ha buscado llegar al cielo por sus propios medios. ¡Estos hombres trataban de llegar al cielo a fuerza de apilar ladrillos unos sobre otros! Ridículo, pero ellos estaban convencidos de que se podía.

Dios miró la escena y me imagino yo que se habrá reído de la ingenuidad de los hombres. Pero también Dios sabía que el hombre en su pecado es necio para conseguir lo que busca, aunque la empresa esté condenada al fracaso. Dios entonces, en su gracia y misericordia tenía que hacer algo para evitar que el hombre se haga daño a sí mismo tratando de lograr algo imposible.

Fue por eso que la Deidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, conferenciaron entre ellos y decidieron que lo prudente era descender a donde estaba el hombre y confundir allí su lengua, de modo que ninguno entienda a su compañero. Según Génesis 11:6 Jehová dijo: “He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.”

Confundiendo el lenguaje se hizo imposible seguir con el plan de edificar la torre hasta que llegue al cielo, porque no podía haber comunicación mutua entre la gente. Este hecho marcó el origen de las diferentes lenguas y dialectos en el mundo.

Como Usted podrá notar, con su acción, Dios no estaba metiendo cuentos o esparciendo rumores para que la gente se pelee entre ellos. Dios confundió la lengua para evitar un mal mayor al hombre. Fue en realidad una obra de misericordia de Dios a favor del hombre. Si Dios no hubiera hecho esto, hasta ahora estaríamos todos embarcados en edificar una torre para llegar al cielo a través de ella.

De modo que nada tiene que ver la actitud del que siembra discordias entre hermanos con la actitud de Dios de confundir la lengua de nuestros antepasados. No existe pues contradicción de ninguna clase.