Debemos Preocuparnos Por Lo Que Vamos A Comer


En Mateo 6:31-33 Jesucristo dijo que no debemos preocuparnos por lo que vamos a comer, pero en 2 Tesalonicenses 3:12 dice que debemos trabajar para comer. ¿Cómo es esto?

Me parece que existe un grave malentendido aquí. Leamos Mateo 6:31-33 donde dice: “31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”

Lo que este texto está diciendo es que los creyentes no debemos vivir en ansiedad o preocupación por las necesidades básicas de la vida como son la comida, la bebida y el vestido.

Dios sabe que tenemos necesidad de estas cosas y él nos proveerá siempre y cuando confiemos en él y mostremos la veracidad de esa confianza por medio de buscar primeramente, note primeramente, el reino de Dios y su justicia. El creyente que pone a Dios en el primer lugar de su vida y confía en él verá siempre suplidas por Dios sus necesidades básicas, como son comida, bebida y vestido.

Esto es una realidad. Yo lo he vivido y de seguro que también muchos de Ustedes. Me temo mucho que Usted está malinterpretando este pasaje bíblico en el sentido que no es necesario que un creyente trabaje, porque Dios se ha comprometido a satisfacer la necesidad básica de ese creyente.

Pero eso no es lo que está diciendo el texto. La Biblia en realidad exhorta a los creyentes a trabajar. Note lo que dice 2 Tesalonicenses 3:10 “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.”

Dios no tolera la ociosidad de ninguna manera. El trabajo no es la maldición por el pecado de Adán. El trabajo es una bendición de Dios. Adán trabajaba antes de caer en el pecado.

Dicho esto, demos lectura al otro texto mencionado por Usted. Se encuentra en 2 Tesalonicenses 3:12 donde dice: “A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan.”

Nuevamente aquí, notamos que la voluntad de Dios es que los creyentes trabajen. Cuando el texto dice que trabajando sosegadamente coman su propio pan, está indicando que eviten comer de balde o eviten aprovechar el trabajo de otros para comer el fruto del trabajo de otros. Esto es lo que enseña este texto. Vistas así las cosas, notará que no existe contradicción alguna.

Originally posted 2012-09-04 05:35:00. Republished by Blog Post Promoter

EN EL AMOR NO HAY TEMOR, PERO DEBEMOS TEMER A JEHOVA

1 Juan 4:18 dice que en el amor no hay temor y que el perfecto amor echa fuera el temor. Ahora bien, en Deuteronomio 6:5 dice que debemos amar a Dios de todo corazón, pero en el mismo capítulo, versículo 13 dice: A Jehová tu Dios temerás. ¿Por qué es que debemos amar a Dios con temor cuando el amor echa fuera el temor?

Vamos primero a explicar el significado de lo que tenemos en 1 Juan 4:18. Para ello leamos este versículo y también el anterior para introducirnos en el contexto. 1 Juan 4:17-18 dice: “En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.”

Poco antes de citar este pasaje, Juan declaró que Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

Una de las manifestaciones de la relación de amor entre Dios y el hombre, es que el hombre desarrolla una relación de confianza con Dios. Confianza principalmente en lo que tiene que ver con lo que la Biblia llama el día del juicio. Por eso es que el texto leído dice que el amor se ha perfeccionado o madurado en nosotros, otorgándonos confianza.

¿Confianza en qué? Pues en el día del juicio. El día del juicio no reviste temor alguno para los que amamos a Dios de corazón, no por los méritos que hemos hecho mientras estamos en la tierra sino por la fe que tenemos en Cristo nuestro Salvador. Todo lo que es Cristo somos los que creemos en Cristo. Entonces no existe razón para temer en el día del juicio.

Juan dice por tanto: Pues como él es, es decir Cristo, así somos nosotros en el mundo. El creyente que tiene esta relación de amor con Dios, es visto por Dios como si fuera Cristo mismo y esto nos debe traer una sensación de total confianza en el día del juicio. Es por eso que Juan declara que en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor.

Si Usted ama a Dios, Usted no debe tener temor de ser castigado en el día del juicio. Pero si Usted no ama a Dios, entonces, allí sí, Usted vivirá en constante temor de que algún día Dios traerá sobre Usted el castigo merecido. Juan dice por tanto: El que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

Recuerde que para amar a Dios, primero se necesita nacer de nuevo. Los incrédulos no pueden amar a Dios porque están muertos espiritualmente hablando. Para nacer de nuevo es necesario recibir a Cristo como Salvador.

En esencia entonces, cuando Juan dice que el perfecto amor echa fuera el temor, está hablando en el contexto del día del juicio. Los que amamos a Dios, no tenemos ningún temor del día del juicio, porque somos salvos, porque nuestros pecados nos han sido perdonados, porque el castigo que merecemos por nuestros pecados ya fue recibido por Cristo en la cruz y nosotros fuimos liberados de recibir ese castigo.

Muy bien, ahora vamos a ver las otras citas que Usted mencionó en su consulta. Una de ellas es Deuteronomio 6:5 donde dice: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”

La principal responsabilidad de un judío hacia Jehová era un amor sin reservas, un amor con toda el alma y con todas las fuerzas, también un amor de corazón, esto significa un amor sincero, un amor que nos es de labios para afuera. Este es el tipo de amor que echa fuera el temor de que algún día, en el día del juicio, Dios nos pueda castigar. Cuando un ser humano ama a Dios de esta manera, vivirá en total seguridad de que nunca va a ser condenado a castigo eterno por el pecado.

La otra cita se encuentra en Deuteronomio 6:13 donde dice: “A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás.”

El verbo Hebreo que se ha traducido como temer, significa tanto reverenciar o adorar como tener temor de. Ambas ideas están inmersas en el mandato de temer a Jehová tu Dios. Jehová Dios es el único que debe ser reverenciado o adorado y además, Jehová Dios es el único que debe ser temido en el sentido de no ofenderle con el pecado.

Es un temor santo o temor reverencial, como han dicho algunos. Mientras más elevada es la posición o dignidad de una persona, más temor reverencial infunde en sus subordinados. Un miedo de caer en sus manos si se hace algo en contra de esa persona.

Bueno, este sentimiento también debe estar presente en la relación del hombre con Jehová Dios. Un temor reverencial, un temor santo de caer en sus manos si hacemos algo contrario a su voluntad. Esta faceta de la relación del hombre con Jehová Dios no es muy popular que digamos. A todos nos gusta pensar en un Dios de amor, de gracia, de misericordia, un Dios bondadoso, etc.

Y ciertamente Dios es todo esto, pero recordemos que además de eso, es un Dios a quien debemos temer. Porque simplemente él es Dios. Textos como Deuteronomio 6:2; 5:29; 10:12; 13:4 ordenan a los hombres a temer a Dios. Insisto, que esto puede ser entendido en el sentido de adorar o reverenciar a Dios, pero no olvidemos jamás que puede ser entendido también en el sentido de un miedo a ofender su santidad.

Interesante que en la versión Reina Valera, cuando Mateo y Lucas citan el texto en Deuteronomio 6:13, aparece así: “A Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” Así que, este temor en el libro de Deuteronomio es diferente al temor que hablamos en el libro de 1 Juan. Allí se refería al miedo en el día del juicio. Los que amamos a Dios no debemos tener miedo al día del juicio, porque ya somos salvos. Cristo Jesús ya recibió el castigo que nosotros como pecadores merecíamos.

DEBEMOS ESTAR EN MEDIO DE INCREDULOS O APARTARNOS

2 Corintios 6:17 dice: Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo. En cambio Marcos 16:15 dice: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Por un lado dice salid, pero por otro lado dice id. ¿Cómo es esto?

Es sencillo. Cuando el texto en 2 Corintios 6:17 dice “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo”

Está hablando a los creyentes, en el sentido de procurar una separación espiritual con el mundo. Es absurdo y hasta sacrílego que un creyente tenga comunión espiritual con los incrédulos. Cuando una persona incrédula se hace creyente por recibir a Cristo como Salvador, debe desvincularse de toda forma de falsa religión y cortar totalmente con todo hábito pecaminoso y con toda práctica idolátrica.

Pero esto es muy diferente de salir del mundo. Note lo que dijo Jesucristo en cuanto a esto, según Juan 17:14-16 “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.”

El creyente no es del mundo, pero está en el mundo, al menos hasta que el Señor lo permita. Una cosa es que la canoa esté en el agua, otra muy diferente que el agua esté en la canoa. Comenzará a hundirse.

Igual es con el creyente. Decir que el creyente está en el mundo es muy distinto a decir que el mundo está en el creyente. Dios jamás ha pedido que los creyentes salgan del mundo. Más bien ha dicho que los creyentes son sal y luz en el mundo. Si los creyentes salen del mundo, ¿Quién va a ser la sal? ¿Quién va a ser la luz?

Así que es perfectamente legítimo lo que Jesucristo ordenó a sus discípulos cuando les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

DEBEMOS JUZGAR A LOS OTROS O NO

1 Corintios 2:15 dice que el espiritual juzga todas las cosas. ¿No contradice esto a lo que Jesús dijo en Lucas 6:37 cuando afirmó que no debemos juzgar?

Interesante su consulta. Vamos a dar lectura al texto que se encuentra en 1 Corintios 2:15, pero para tomar el contexto vamos a leer desde el versículo 14. Dice así: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y nos las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.”

Este pasaje bíblico está contrastando a dos tipos de personas.

El natural es la persona incrédula, la que jamás ha recibido a Cristo como Salvador. El espiritual es la persona creyente, la que algún día ha recibido a Cristo como Salvador.

La persona natural está ciega a las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le falta el órgano de percepción de las cosas espirituales, el cual es el Espíritu Santo. Por eso es que cuando esta persona es confrontada con las cosas espirituales, estas cosas le parece una insensatez, como algo de locos. No lo puede entender.

Lo que está pasando es que como no tiene el Espíritu Santo, no puede entender las cosas que son del Espíritu Santo. Las cosas espirituales se han de discernir espiritualmente.

A manera de ilustración, permítame hacerle pensar en una persona que jamás ha aprendido el idioma Chino. Dicen que este idioma es difícil de aprender. Si alguien viene a esta persona hablando en Chino, esta persona no va a entender nada. Lo que llega a su mente por medio de sus oídos le parecerá una locura. No comprenderá nada. ¿Por qué? Porque le falta la mente o el conocimiento del idioma Chino. Diríamos entonces que el Chino se ha de discernir con una mentalidad China.

Lo mismo ocurre en el campo espiritual. Las cosas espirituales se han de discernir con una mente espiritual. Esta mente espiritual es la presencia del Espíritu Santo en la persona que ha recibido a Cristo como Salvador. Suficiente de lo que tiene que ver con la persona natural.

Pensemos ahora en la persona espiritual. Es la que tiene el Espíritu Santo porque algún momento recibió a Cristo como Salvador. La palabra de Dios declara entonces que esta persona juzga todas las cosas. El verbo que se ha traducido como juzgar, es el mismo verbo que en versículo 14 se tradujo como discernir. Es decir que no se está hablando de evaluar lo que otro ha hecho para saber si es bueno o malo, sino que se está hablando de discernir algo. El espiritual, por cuanto tiene el Espíritu Santo, está en capacidad de juzgar o discernir o examinar o investigar las cosas espirituales. Recuerde que las cosas espirituales se han de discernir espiritualmente.

Muy bien. Ahora vayamos al otro texto citado por Usted en su consulta. Se encuentra en Lucas 6:37 donde dice: “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.”

Son tres mandatos que producen tres resultados. No juzgar para no ser juzgados. No condenar para no ser condenados y perdonar para ser perdonados.

Examinemos el verbo juzgar. En este caso, en el idioma que se escribió el Nuevo Testamento, es un verbo que significa primariamente separar, seleccionar, elegir; y de aquí, determinar o juzgar o pronunciar juicio.

Este verbo se usaba para indicar que alguien está realizando el trabajo de un Juez o para pasar por el proceso de un juicio, o para pronunciar sentencia o para condenar o para formarse una opinión. Lo que este texto está prohibiendo es que el creyente se erija como un Juez de las actitudes de los demás. El creyente no puede ver el corazón de los demás para saber lo que están pensando, pero el creyente está facultado para juzgar las acciones de los demás. Las acciones son cosas que se puede ver.

Pero aun allí, es necesario ejercitar gran discernimiento y dirección del Espíritu Santo. Por eso Juan 7:24 dice “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.”

En resumen, cuando la Biblia dice que el espiritual juzga todas las cosas, se está refiriendo a que el creyente está capacitado para examinar o discernir las cosas espirituales. En cambio cuando en Lucas 6:37 dice: No juzguéis, se está refiriendo a erigirse como Juez para evaluar las actitudes de los demás.

DEBEMOS O NO TENER TESOROS EN LA TIERRA

Mateo 6:19 dice que no debemos hacernos tesoros en la tierra, pero Proverbios 21:20 dice que en la casa del sabio hay tesoro precioso. ¿Cómo entender este asunto?

Permítame explicarlo de esta manera. Voy a dar lectura al texto que se encuentra en Mateo 6:19-21 donde dice: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

En este pasaje bíblico, el Señor Jesucristo está contrastando lo material con lo espiritual, lo temporal con lo eterno. Lo material solamente sirve para este mundo, mientras dura la vida en este mundo.

Además, lo material está sujeto al peligro constante de desvanecerse, por diversas razones, la devaluación, el deterioro de las condiciones económicas en los países, la acción de los delincuentes, el desgaste por el uso, etc.

En cambio lo espiritual no corre ningún peligro de que se pierda. La razón es porque está localizado en el cielo, donde no existe devaluación ni deterioro de la economía, ni delincuencia, ni desgaste.

Jesús por tanto exhorta a su oyentes y a los que leemos lo que dijo, a no ser insensatos gastando la vida en hacer tesoros terrenales. Lo sabio es gastar la vida en hacer tesoros celestiales. Esto no significa que los creyentes debemos vender todo lo que tenemos, sea mucho o sea poco, y dar a los pobres el fruto de la venta. Aunque no estaría mal si alguien es persuadido a hacer eso por el Señor. Lo que significa es que debemos tener en orden nuestras prioridades.

Primero es lo espiritual. Nuestra comunión con el Señor, nuestro estudio de la Palabra de Dios, nuestra manera de vivir como hijos de Dios imitando la conducta de Jesucristo, nuestro amor a los demás como fruto de la fe genuina. Todo esto es lo más importante en la vida de un creyente.

Después de esto, está lo material. El trabajo, el negocio, la educación, la distracción, etc.

Todo es cuestión de tener las prioridades en orden. Cuando un creyente tiene en orden sus prioridades, no es extraño que el Señor haga prosperar de una manera sorprendente lo material y así, ese creyente tendrá tesoro tanto en el cielo como en la tierra.

Este fue el caso de personas como Abraham, Job, David, Salomón y tantos otros que tuvieron abundante tesoro en la tierra pero sin sacrificar el tesoro en el cielo. La voluntad de Dios no es que todos seamos paupérrimos. Tampoco es que todos seamos millonarios. Dios sabe a quien enriquece y a quien empobrece.

Pero siempre, la voluntad de Dios será que no gastemos la vida edificando imperios en la tierra, descuidando totalmente el hacer tesoros en el cielo.

Muy bien, ahora vayamos al texto en Proverbios 21:20 donde dice: “Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa.”

Este texto, describe la condición de un hombre sabio. Este hombre sabio estaba plenamente consciente de que primero es lo espiritual y después lo material. Fiel a este principio, hizo tesoros en el cielo y Dios le recompensó permitiendo que haga también tesoro en la tierra.

Esto de ninguna manera contradice la enseñanza en Mateo donde dice que no debemos hacernos tesoros en la tierra. Recuerde que la enseñanza de Mateo tiene que ver con prioridades. Lo espiritual es más importante que lo material. Si alguien cumple con esto, no será extraño que Dios le permita vivir como si tuviera apreciable fortuna. Donde no faltará alimento, donde no faltará aceite, donde no faltará vestido, donde no faltarán facilidades para vivir en este mundo. Esta fue la experiencia del hombre sabio en Proverbios.

En cambio el hombre necio o insensato, el que solamente vive para lo material, el que solamente se hace tesoros en la tierra, encontrará muy pronto que todo su esfuerzo ha sido inútil, porque vendrá la polilla y el orín, o los ladrones, o la devaluación, o la mala administración, o el desgaste, etc.

Y lo que había acumulado se disipará totalmente. No vale la pena gastar la vida en lo material descuidando lo espiritual.

A QUIEN DEBEMOS SERVIR


Mateo 4:10 se dice que debemos servir solamente al Señor, pero Gálatas 5:13 dice que debemos servirnos los unos a los otros. ¿Cómo debo entenderlo?

Vamos a dar lectura al texto que se encuentra en Mateo 4:10 donde dice: “Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.”

Estas son las palabras de Jesús en su defensa ante las tentaciones de Satanás. Lo que Jesús dijo en esta ocasión, fue una cita textual de Deuteronomio 6:13. De esto podemos saber que la mejor arma para luchar contra las tentaciones del diablo es la palabra de Dios guardada en nuestra mente y corazón. El sentido de las palabras de Jesús es que Jehová el Señor es el único a quien el hombre debe adorar y rendir culto.

Cuando el texto dice: a él solo servirás; está dando a entender que a Jehová es el único a quien se debe rendir culto. El verbo que se ha traducido como “servir” en este texto es el verbo griego “latreúo” que aunque se puede utilizar para hablar de trabajar por un sueldo, principalmente se usa en el Nuevo Testamento para hablar de la rendir culto, ya sea a Dios, o a Cristo o en el tabernáculo o al ejército de los cielos.

Muy bien, ahora vamos a leer el texto que se encuentra en Gálatas 5:13 donde dice: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servios por amor los unos a los otros.”

En este texto, el verbo que se ha traducido como servir es un verbo Griego diferente del que se usa en Mateo 4:10. En este caso es el verbo “douléo” que denota el acto de servir del esclavo a su amo y tiene una amplia variedad en cuanto a su uso. El amor que debemos tener entre los hermanos en la fe debe motivarnos a servir a los demás como si fueran nuestros amos. Esto es lo que enseña este texto.

Así que, a Dios es el único a quien debemos servir en el sentido de rendir culto, pero a todos los hombres debemos servirles en el sentido de mirarnos a nosotros mismos como esclavos de ellos.

Pero permítame añadir lo siguiente. Es fácil llenarse la boca diciendo que servimos a Dios, pero es difícil mirar a los demás como nuestros amos para servirles como esclavos. Sin embargo, la sinceridad del servicio a Dios está dada por la disposición que tenemos para servir a los demás como esclavos de ellos. Las dos cosas van de la mano. No nos engañemos. Si servimos a Dios de corazón no tendremos problema en servir a otros como esclavos de ellos, pero si nuestro servicio a Dios es solamente de labios para afuera, haremos todo lo posible para encontrar excusas para no servir a los demás.