La Salvación Es Por Fe

La Salvación Es Por Fe

La salvacion es por fe, Fe que aceptas al renunciar a ti mismo, a tu placeres egoistas, a tu avaricia, a los ídolos, a los deseos de este mundo, a la autocomplacencia, a la ambición, a la fama, al desenfreno de tus conscupiscencias, al decidir no ser mas practicante del pecado… esa es la misma fe que te permite reconocer que eres pecador y que renuncias a todo “Un sacrificio vivo” para que Jesucristo limpie tu vida y te dé su Salvación. No retardes tu desición; Mañana puede ser demasiado tarde.

Acepta a Jesucristo Hoy

Salvación Por Fe
Salvación Por Fe

Una Alternativa a la Salvación


Después de que Jesús resucitó de entre los muertos, paso cuarenta días con sus discípulos antes de ascender al cielo. En ese tiempo apareció once veces a diferentes personas, incluyendo a una multitud de más de quinientos. En uno de esos días, dejó a sus discípulos La Gran Comisión: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16). La comisión de Cristo, incluyó las condiciones para la salvación de todos los seres humanos. Todo ser humano está obligado según Dios, a oír, creer y obedecer y perseverar en el mensaje del evangelio para obtener salvación. Jesucristo anunció la terrible alternativa a la salvación: “…mas el que no creyere será condenado.”

Se ha puesto mucho énfasis en la enseñanza de este pasaje acerca de la necesidad de predicar el evangelio a toda criatura y en las condiciones impuestas por Cristo de oír, creer, arrepentirse y hasta del bautismo para el perdón de los pecados; pero también es muy importante comprender la terrible alternativa a la salvación ofrecida por Cristo: La condenación de la incredulidad. Jesús enseñó en Juan 3:19 que los incrédulos ya están bajo una condición de condenación. Pero en la declaración que describe Marcos 16, Cristo afirma que la condenación cae mas severamente sobre aquellos que escuchan el evangelio, pero no lo creen. La condenación cae sobre ellos ahora y eventualmente caerá por toda la eternidad. La única salida o escape a la condenación eterna es que el incrédulo se arrepienta y se convierta a Cristo Jesús.

La incredulidad hacia la revelación de Dios a sido la causa de la caída de muchos a través de los siglos. Fue el pecado del pueblo israelita en el desierto. Veamos lo que la Biblia dice: “¿Quiénes fueron los que habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por la mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes jurò que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar por su incredulidad.” (Hebreos 3:16). Observe, detenidamente, por favor, que las palabras pecaron y desobedecieron nos dicen el motivo por el cual Dios se enojó con Israel y ambas están incluidas bajo el término incredulidad. Y es que la incredulidad amenaza a todas las generaciones y las muchas maneras en que se manifiesta indican que es el pecado característico del siglo. Sin duda que la tremenda mezcla de transgresiones en la vida de muchas personas es causada hoy por la incredulidad.

LAS FORMAS DE INCREDULIDAD
La incredulidad lleva muchos disfraces. Hay ateístas, escépticos, secularcitas, racionalistas, liberales, hedonistas, etc. No importa cómo se proclamen, todos tienen una característica en común: La incredulidad. El modernismo religioso es un término conocido para describir a muchos incrédulos. Es un sistema de creencias que eleva el razonamiento o experiencias humanas por encima de lo que la Biblia enseña. La mayoría de los exponentes de este sistema que se autodenominan creyentes, sólo creen en parte, pues, aceptan solamente las partes de la Biblia que concuerdan con sus ideas personales. Pretenden creer lo que consideran razonable y lo demás lo rechazan. Por ejemplo, el nacimiento virginal de Jesús no es razonable para ellos, así que lo rechazan. Tratan de dar una explicación razonada a los milagros bíblicos y niegan incluso la autenticidad e inspiración de las Escrituras. Además, como si fuera poco, rechazan las doctrinas del cielo y del infierno, de la expiación y sacrificio de Jesús en la cruz y los más osados rechazan el hecho de que Jesús sea el Unigénito Hijo de Dios.

Muchas formas de incredulidad, especialmente en el modernismo religioso, han ligado cuerpo y alma con la teoría de la evolución. Su cristianismo es un concepto que sólo trata de la vida presente en esta tierra y no abarca la vida después de la muerte. Su concepto del cielo es hacer de esta tierra un lugar feliz por medio de eliminar las enfermedades, el dolor, los sufrimientos, las guerras, etc. Su concepto del infierno es la terrible condición que el ser humano crea en la tierra con su codicia.

Puedo seguir mencionando muchas formas de incredulidad que existen hoy día, pero creo que éstas son suficientes. Analicemos ahora la característica más común entre los incrédulos: La falta de temor a la condenación eterna. Aún los que se dicen ser cristianos y se resisten a creer en la idea de un castigo eterno, afirman que Dios es un ser tan amoroso que no puede castigar a nadie. Este tipo de pensamiento muestra incredulidad en lo que la Biblia enseña al rechazar las advertencias de lo que pasará con los incrédulos y desobedientes a la voluntad que Dios ha dejado escrita en las Santas Escrituras. No sólo contradicen lo enseñado claramente por Jesús sino que contradicen lo que el Espíritu Santo reveló a los apóstoles y profetas en el primer siglo para nuestra salvación y edificación (Efesios 2:19-22).

La certidumbre de un juicio final e irrevocable y los horrores de la perdición eterna se muestran en numerosos pasajes de la revelación de Dios. Analicemos el siguiente pasaje sobre esta forma de incredulidad para que usted mismo llegue a una conclusión: “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en todos los que creyeron por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros” (2 Tesalonicenses 1:6-10). Este pasaje muestra que las cosas que hacemos y creemos serán en definitiva las que determinen nuestro destino eterno, aunque usted no lo crea.

EL EVANGELIO DE CRISTO
Según el pasaje citado, “el evangelio” juega un papel muy importante relacionado directamente a la salvación de nuestras almas en el día del juicio final. Si se predica el evangelio a toda criatura y se obedece, entonces, Dios le perdonará todos sus pecados e irá a la vida eterna (Hechos 2:38). Pero, si se predica el evangelio y no se escucha y por lo tanto, no se obedece, entonces se cumplirá lo que dijo Cristo nuestro Señor en Marcos 16:15-16: “…mas el que no creyere, será condenado”. De modo que la alternativa de salvación por nuestra desobediencia será la condenación de nuestras almas. Decir otra cosa es convertirnos en incrédulos de la Palabra de Dios. Nos conviene descubrir entonces, ¿qué es o qué significa “el evangelio de Cristo”?

En 1 Corintios 15:1-4 el apóstol Pablo nos enseña el significado de lo que es el evangelio. Escuchemos su voz: “Además, os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, sino creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras…” Amados, ésta es la definición bíblica de lo que es el evangelio. Sin lugar a dudas, el evangelio es: La muerte, sepultura y resurrección de Cristo nuestro Señor y Salvador. Este es el mensaje de salvación para la humanidad. Los verdaderos hijos de Dios son aquellos que se han convencido por medio del poderoso mensaje del evangelio y han aceptado a Cristo como el Hijo de Dios y el Salvador que pagó el precio supremo por nuestra redención. Este fue el mensaje predicado por los apóstoles, en el día de Pentecostés.

La Biblia muestra que en ese día, Pedro predicó “el evangelio”: la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (Hechos 2:22-39), y que de la multitud que escuchó la predicación, unas 3,000 personas recibieron el mensaje y preguntaron a Pedro: “… ¿qué haremos?” La respuesta de Pedro los guió a que obedecer el evangelio, les dijo: “Arrepentios y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados.” Fíjese bien la relación del bautismo con “el evangelio” y el “perdón de los pecados”. El apóstol Pablo arroja más luz sobre este tema cuando escribe: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección…” (Romanos 6;3-6).

La prueba no puede ser más contundente. Lo que los incrédulos creen que va a pasar después de la muerte no es lo que la Biblia enseña que va a ocurrir. La alternativa a los que no aceptan el evangelio de Cristo, no será halagadora en ninguna forma. Ese será un día de gran lamento donde muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y el Señor les dirá: …”NUNCA OS CONOCÍ…” (Mateo 7:22-23). ¡Que tristeza! En los años que llevo predicando he observado como muchos de los que han escuchado “el evangelio de Cristo” no lo han creído, lo han rechazado. No sea usted uno más de los que rechazan y no obedecen el sacrificio de Cristo. No rechace al Hijo de Dios. Nuevamente quiero enfatizar la definición bíblica de lo que significa el evangelio: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado y resucitó al tercer día conforme a las Escrituras…” (1 Corintios 15:1-4). Usted también puede morir al arrepentirse de sus pecados, ser sepultado juntamente con Cristo en las aguas bautismales y resucitar a nueva vida en Cristo Jesús. Nuestra oración es para que Dios le ayude a entender el evangelio de Su amado Hijo y que Su paz y misericordia le ayuden a tomar una sabia decisión. Acepte la oferta del evangelio, hoy puede ser el día de su salvación.

Originally posted 2012-12-19 06:10:53. Republished by Blog Post Promoter

¿Una Utopía?

¿Una Utopía?

Muchos llamarían esta necesidad de escribir estos apuntes un impulso, un desahogo, una locura: yo le llamo amor. Yo sé la verdad; no por mí: sino por lo que dice la palabra de Dios. No quiero sentirme cómplice de la conducta inconsciente del hombre ni de la apatía de la iglesia hacia su responsabilidad. Es por amor a mis hermanos. En estos primeros días del siglo 21 es nuestra responsabilidad leer, buscar, meditar. Leyendo la revista “Life” donde resume algunas noticias de los últimos años, sentí angustia de la ignorancia (¿o maldad?’) de la humanidad que se reflejaban en estas noticias. Y me pregunté de quien es la verdadera responsabilidad de lo que sucede.

Quiero escribir por mis hijos, nietos, familia. ¿Quién sabe? ¡Quizás alguien lea mis apuntes! Si éstos logran el despertar, aunque sea de una persona. ¡Aleluya! UNO A UNO…

Comencemos por repasar lo que es la naturaleza, el hombre y la iglesia a la luz de la palabra de Dios. En segundo lugar veamos como la confusión de roles (¿queremos ser Dios?), la frialdad (apostasía), y la responsabilidad no asumida a degenerado en una muy cercana catástrofe (¿por maldad o por ignorancia?). El hombre está destruyendo no tan solo la naturaleza que le rodea sino peor aún su espíritu. Dentro de mi visión humano-cristiana quisiera tronar los dedos y despertar a aquellos que están comisionados por el Creador para que puedan generar cambios de cara a un nuevo siglo con menos deshumanización y más respeto hacia la creación divina.

En los capítulos 1 y 2 de Génesis leemos como Dios creo toda la naturaleza. Nos emociona la hermosa descripción de este trabajo y al final de la jornada dice la palabra (Gen 1:31) que a Dios le agrado lo que había hecho. La luz, las aguas, el árbol que produce frutos, las aves… ¡Qué hermosa, la naturaleza! ¡Y creo Dios al hombre! ÉI quería que alguien disfrutara de todo lo creado (Gen 1:28-30). En Génesis 28 Dios le da autoridad al hombre para que señoree toda la tierra. El hombre desconoce, o podemos decir sin temor a equivocarnos que ha ignorado, ha cerrado los ojos a la verdadera definición de la palabra señoree: gobierne, administre. En la naturaleza se encuentran todos los tesoros que sirven al hombre para que viva y viva bien no solo sobreviva EI hombre tiene poder para acabar con los recursos naturales o para amar y utilizar la naturaleza para vivir ¿Hasta cuando? La naturaleza está tomando su revancha. Los huracanes, inundaciones, calentamientos ocasionados por la destrucción de la capa de Ozono trayendo incendios que han destruido sobre 5,000 acres de bosques forestales (y el oxigeno), el Niño, la Niña, sequías… Hay hambre, necesidad y desolación.

EI hombre tiene la mayordomía sobre la tierra (Sal.8:4-8); pero esta es de soberanía divina (Sal.8:3). Si nos apartamos de Dios e intercambiamos posiciones, queriendo ser Dios, entonces perdemos la perspectiva de nuestro rol de fideicomiso: gobernar. ¿De quien es la responsabilidad de enseñar al hombre su verdadero rol?

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Gn. 1: 27). Los humanos somos seres espirituales, no solo un cuerpo, sino también un alma y un espíritu. Esta prominencia que Dios le dio al hombre lleva consigo una gran responsabilidad y obligación. ¡Dios ama al hombre! A través de toda la palabra leemos sobre este gran amor para con el hombre, tanto que envió a su unigénito hijo a morir en la cruz del Calvario para que su sangre lavara nuestros pecados (Jn 3: 16). EI nos permite alcanzar los más altos niveles en todos los aspectos de nuestra vida. Tenemos la obligación de procurar serlo porque de lo contrario estaríamos siendo infieles a ese amor a toda la vida que se nos ha confiado. La habilidad del hombre para regir la tierra sobre la que Dios le señoreó dependerá de su fidelidad y obediencia a EI (Gn.2:16-17). ¡El hombre tiene la capacidad y el poder! ¿De quien es responsabilidad de enseñar al hombre a utilizar esta capacidad y poder?

Veamos que nombres usa la Biblia para la iglesia: novia (Cantar de los Cantares), cuerpo de Cristo (1 Co. 12:27) y algunos de los adjetivos que usa para describirla: gloriosa, santa (Ef.5:27), fiel (Ap3 :8-10), tibia (Ap.3:4-20), muerta (Ap3: 1-5). ¿Esta la iglesia de nuestro tiempo como la califica la palabra en Apocalipsis? La Iglesia no es una institución, no es una denominación, no es un nombre ni un hombre. Dice la palabra en Hch. 20.28: “la iglesia del Señor, la cual El ganó por su propia sangre” y si a esto añadimos lo que dice en 1 Co1:10 “unidos en una misma mente y en un mismo parecer”; nos atrevemos a resumir que la iglesia somos todos los hombres, mujeres, ancianos, niños unidos en amor porque hemos creído en un solo Dios y en el Señor Jesucristo su Hijo, como nuestro Salvador, y hemos obedecido el Evangelio mediante la participación del bautismo (Rom 6:3, 4) (añadido por Pedro Gelabert).

Esta iglesia está comisionada por Cristo para (enseñar) al mundo esta hermosa (verdad) (Hech.28: 19-20). Escribo entre paréntesis las palabras enseñar, verdad porque muchas iglesias se han apartado de la verdad de la palabra o han adaptado su verdad a las enseñanzas del Maestro. Al leer Efesios 1:22-23 podemos entender que la iglesia, como cuerpo de Cristo, ha recibido la orden del Señor Jesucristo de representarlo en la sociedad y dar a conocer su vida, amor y poder. La respuesta a la pregunta planteada está contestada en la palabra. La responsabilidad de enseñar la verdad de lo que el Señor quiere para con el hombre es de la iglesia.

En Efesios, Pablo nos describe como en ninguna otra epístola la verdadera iglesia del Señor. ¿Ha olvidado la iglesia del siglo 21 su responsabilidad? Si miramos la realidad de las circunstancias en las que vive el hombre diríamos que si. Pero la palabra que yo leo dice que la esperanza nos fue dada cuando Cristo murió en la cruz y resucitó para darnos la victoria (Jn. 16:33). La venida del Señor es un misterio para el hombre (Mt. 24:36), por tanto tenemos que aprender a vivir en amor hasta la llegada de ese glorioso día. Desde Génesis (3:15) hasta Apocalipsis (2:17) Dios le da promesas al hombre y le enseña a hacer uso sabio de todo lo creado (Hch 17:26-28). Conocerlo, ser fieles y obedecerlo, ¡¡¡es la solución!!! . El mundo va en picada, el hombre está en oscurantismo. Dios nos ha dado inteligencia y sabiduría. La ciencia ha logrado descubrimientos e inventos insospechados (Jn 14:12): pero el hombre sigue desorientado. Se ha envanecido, tiene inteligencia pero ha perdido sabiduría. EI género humano tiene que unirse y clamar a Dios por sabiduría (Jer.33:3). Hay que dar un giro de 180? y cambiar nuestro rumbo hacia los fundamentos básicos de amor a Dios y nuestros semejantes (Mt.22:38-40). Tenemos que voltear el rostro hacia la luz verdadera…

Dios en su inmenso amor dejó comisionados a unos hombres (Mt.28:19-20) para que llevaran este mensaje de verdad y luz (Mt.5.16). Dejó instituida su iglesia (Mt.16. 18), ¡la iglesia del Señor! La salvación del hombre y de toda la creación está en manos de una iglesia comprometida con el Señor. No de una iglesia politizada, comprometida con los grandes intereses del mundo, no una iglesia llena de avaricia de poder, si no llena del Espíritu Santo. La iglesia sin nombres, sin títulos, sin sectarismos (Lc.9:49-50), solo la iglesia del Señor. ¡Hay que salir y hacer discípulos! Hombres comprometidos con Dios y con otros hombres. ¡Una iglesia que se levante y toque la trompeta que despierte a la humanidad! ¡Una iglesia que enfrente al hombre con su responsabilidad!

La iglesia es responsable de levantar un cartel que diga “¡Alto, deténganse! Es responsable de cumplir con la gran comisión. Tenemos que levantarnos y hacer una revolución, una revolución de amor, una revolución que traiga cambios en el pensamiento del hombre, una revolución que traiga una verdadera restauración y reconciliación del hombre con Dios (2Co.5:19).

EI reto está, el alerta está, la solución está, las armas están (Ef.6:10-l8) y el Capitán está (Rom.8:37: Jn.16:33). Despierta iglesia, toma el batón. gánale la competencia al enemigo. En Génesis 3:15 está la promesa de la victoria. ¡Despierta iglesia, cumple con tu misión; en Cristo somos más que vencedores (Rom.8:37)!

Despierta iglesia. Dejemos la pugna entre denominaciones, ¡podemos ser uno en Cristo! (l Co.3:21-23: 2Co.5:19) Empuñemos la espada de doble filo que es la palabra de Dios (Heb.4:12).

Despierta iglesia, enciende la llama del amor, lucha contra la apostasía (Mt. 24:12-13). ¡Llénate del fuego que es el Espíritu Santo!

Despierta iglesia, no te vayan a encontrar dormida como enseña la parábola de las diez vírgenes (Mt.25:1-13).

Despierta iglesia. ¡Vístete de la armadura de Dios (Ef.6:13) y da el grito de guerra en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo! ¡AMEN!

Originally posted 2011-10-02 07:31:26. Republished by Blog Post Promoter

UNA SELECCIÓN DE DIOS


Efesios 1:3-10

En esta hora he sido escogido para dirigir sus pensamientos hacia un estado mental de solidez, o a una contundente conclusión. Nadie sabe que puesto se da usted mismo, ante el altar del Santo, Santo, Santo. Pero si usted tiene un claro entendimiento de las Sagradas Escrituras, ha de admitir que si es parte de la iglesia, entonces usted es un escogido, parte del “PUEBLO SANTO”. ¿Y qué mejor puesto podríamos darnos que creernos un pueblo especial? También usted es de una corporación de creyentes separada en Cristo Jesús para un propósito. Para comenzar mi sermón, permítanme narrarles la historia siguiente.

En la oficina del ferrocarril donde registran la salida y la entrada de las encomiendas, estaba una grandísima jaula con un hermoso y grandísimo perro adentro. El perro miraba a otros perros enjaulados que iban y venían cuando sus amos los llevaban o los recogían. Aquel pobre perro fue el perro con más tristeza que uno se haya imaginado. Una señora amante de mascotas y llena de compasión preguntó, ¿por qué a éste perro no se lo llevan? La respuesta fue en esta forma: “Usted también estaría muy triste si usted estuvieran en la situación del pobre animal. El perro trituró con lo dientes el membrete con la dirección adonde va, y no se sabe a donde se dirige”.

Esto me hace pensar en algunas iglesias del Señor Jesucristo que yo conozco. Están enjauladas viendo la prosperidad de toda entidad social, comercial, industrial y eclesiástica y no hay quien les saque del jaulón donde han sido puestos.

Servimos a un Señor quien por años y años ha tocado el corazón de multitudes y ha cambiado sus vidas. Ante él ofrecemos alabanzas y ante él algunas veces gritamos nuestro dolor. Ante él fervientemente oramos y ante él amargamente lloramos. En Cristo Jesús Dios nos ha hecho lo más grande de las entidades en la tierra. Lo mejor de lo mejor de la creación, y no he de cansarme de ofrecer la concluyente prueba que dice:

“…y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo (Efesios 1:22,23).

Nuestro gran Dios Jehová, bendito él sea, nos ha dado multitud de recursos o medios, nos ha dado la virtud de la sabiduría y nos ha dado talentos para emplearlos en el diario vivir. Mas, no obstante, estamos tristes en la misma jaula viendo a los que vienen en prosperidad y viendo a los que van de triunfo en triunfo. En el campo clerical, que es nuestro campo, nos asombra el crecimiento que exhiben aunque crezcan en las espumas del error o en llamarada bucal de payaso. ¡Miren que suntuoso templo el que emplean en su liturgia! ¡Observen esas multitudes que asisten a sus convocaciones! Nosotros, sólo mirándoles desde nuestra jaula sin buscar el medio cómo predicarles. Mas sin embargo, somos los escogidos, la selección de Dios. Jesucristo fue poderoso en Su siglo, Él hoy, ¿nó puede encender corazones de modo que contagien a otros? ¿Qué está pasando con nosotros los escogidos de Dios, la selección de Dios?

Lo primero que pienso es que nosotros no sabemos para donde vamos. Hemos masticado el papel donde estaba la dirección y no sabemos adonde nos dirigimos. Hemos caído en cierta melancolía y en cierta tristeza hospitalaria. Mi segundo pensamiento es que la iglesia posiblemente no sabe quién es ella y por eso el apóstol Pablo viene y nos dice quien somos en Efesios 1:3-10 y alza la voz diciendo: “Bendito sea el Dios y padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el amado.”

Lo que más se destaca en lo que Pablo dice es que “Dios nos ha escogido en Cristo como un pueblo selecto antes de la fundación del mundo”. Tal como el selecto Jesús de sí mismo dijo: “Yo soy la luz del mundo”; pero también recalcó: “Vosotros sois la luz del mundo”. Jesús y nosotros, luz uno y luz los otros hacemos una hoguera de elevada importancia que absorba a las masas humanas. Al darnos esa importancia, como un lugar sagrado Pablo nos pregunta y sabio es responderle: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Si templo y vivienda del Espíritu Santo, entonces, ¿nó es eso ser una selección de Dios? Dios nos ha escogido. Somos sus hijos favoritos. Somos su preferencia que sacó de entre los sabios de Grecia y nos trasladó a los justos de Israel. Somos el pueblo selecto. ¿Qué más queremos hermanos?

Nuestro Supremo Rey siempre ha llevado a cabo sus obras por medio de gente escogida, y por algo muy especial nosotros hemos sido escogidos entre tantos en el mundo. La única forma de comunicarse Dios con los seres humanos es encarnarse para cumplir su misión en forma de carne, de sangre y hueso. Comienza Dios con Abraham y la nación que de Abraham desciende, Israel. El poderoso Espíritu de Dios se encarnó en cada uno de los profetas, y la carne profeta, la sangre profeta y los huesos profetas vinieron a ser: La viva y permanente palabra de Dios. Después de Abraham, Dios hizo su obra redentora por medio de la carne, sangre y huesos de Jesús de Nazaret y nos confirmó el nuevo pacto, el Nuevo Testamento. En este tiempo siendo nosotros los escogidos de Dios, no somos escogidos únicamente para vacacionar y reírnos a carcajadas. Dios se ha encarnado en la iglesia, como Dios se encarnó en los profetas; Dios se ha encarnado en la iglesia, como Dios se encarnó en Jesucristo y pide que nosotros cumplamos su misión. Los profetas hicieron lo de ellos, Jesucristo hizo lo que a él correspondía. Nosotros hemos de hacer lo que nos corresponde porque para eso somos una selección de Dios, un pueblo escogido, un pueblo separado de las muchedumbres antes de la fundación del mundo para hacer una obra.

Domingo a domingo por la mañana veo en ustedes a un pueblo especial, pero el domingo por la tarde decidieron no ser una selección de Dios y prefirieron olvidar lo que somos: Pueblo escogido. Yo sé que a Dios alabamos cantándole con fervor: “Supremo Rey, Universal, Creador es él del mundo astral”; pero no sé si después de estos sesenta minutos trabajan para Dios. A veces me pregunto: Éste pueblo que bien viste por la mañana, ¿trabaja para el Señor después de esta hora? En mi corazón siempre hay una respuesta de tristeza. Y lo expongo para ver si de alguna manera salimos de nuestra jaula. ¿Por qué no asisten a otras actividades de la iglesia? Es que hay resentimientos, y éstos impiden al espíritu de solidaridad. Otra vez obtengo una respuesta que no me satisface. ¿Cual sería el problema entre nosotros?

Posiblemente el problema consiste en el verbo pasado: “según nos escogió en él antes”. No importa qué hagamos y no importa qué no hagamos, salvo siempre salvo. Usted ya fue escogido. Nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra confianza, no consiste en lo que Dios hoy por medio de nosotros quiere hacer; pero consiste en lo que Dios por medio de la iglesia hizo en el ayer. La historia de los pueblos nos habla abundantemente de los gloriosos días del ayer. Los museos también reposan en el ayer. Pero nuestra esperanza descansa en lo que actualmente hagamos. Hace años estos edificios en los cuales adoramos no pertenecían a nosotros, y ahora son nuestros. Claro que hemos estado en el ayer cuando progresamos con estas estructuras. Pero de aquí, ¿adónde vamos?

Hay un cuento que describe a un pájaro de fábula. Éste pájaro vuela hacia atrás cantando un estribillo que dice: “No sé adonde voy; mas mira adonde he estado”. Los museos nos dicen adonde hemos estado, pero para testificar tienen que ir al pasado. La iglesia triunfante va hacia el futuro, porque las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Nosotros, los cristianos requerimos que se nos recuerde de vez en cuando, quiénes somos: El pueblo escogido, la selección de Dios. Introduzco en este punto el pronombre personal del plural: “nos”. Dios nos bendijo, Dios nos escogió, Dios nos aceptó (Efesios 1:3-6). ¿Están ustedes satisfechos con esos tres verbos: nos bendijo, nos escogió y nos aceptó? ¿Hay alguna otra entidad que pueda exigir esa propiedad de ser una selección de Dios? Nobles hermanos que escuchan con atención: Esas aseveraciones engloban a todos nosotros si somos súbditos del Rey de reyes.

Nuestra segunda tesis espiritual del texto en discusión es que Dios ha revelado a su selección, al pueblo escogido el plan eterno de salvación. Abraham fue especialmente escogido, y porque fue él una selección, de Dios escuchó estas palabras: “Y haré de ti una nación grande” (Génesis 12:2). Al exclamar Dios aquellas palabras tenía en su mente una nación más que imperial. De cualquier punto de vista que se vea la promesa a Abraham, está destinado a poderes imperiales bajo la supremacía del Dios Viviente, pues más tarde le promete hacer su descendencia como las estrellas de los cielos o como las arenas de los mares, añadiendo: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra” (Génesis 22:18). ¿Qué gobierno de la esfera terrestre ha gobernado toda la tierra?

Para proseguir con el plan de redención Dios levanta la nación de Israel a quien dice: “Si diereis oído a mi voz, y guardares mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos”, pero aquella gente ni oyeron la voz de Dios ni guardaron su pacto, como consecuencia, no fueron, no son, ni serán su especial tesoro. ¡Qué infortunio! (Éxodo 19:5; Malaquías 3:17). El verbo de Dios con nosotros cambia, si me permiten esta repetición: “Nos bendijo, nos escogió y nos aceptó” y por ende nosotros hemos llegado a ser de Dios el especial tesoro. ¡Qué dicha! ¡Glorificado en la iglesia sea de verdad nuestro Dios!

De la nación de Israel en el plan de Dios, sí surgiría Jesús nuestro Señor como una selección, quien escuchó del Padre estas palabras: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a Él oíd” (Mateo 17:5). ¿Es aquella voz un decreto o un imperativo? Se escribió esa cláusula para que el mundo entero la leyera, la oyera y la obedeciera y de ese modo perpetuarse hasta que otra vez escuchemos su voz: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo” (Mateo 25:34; Efesios 1:4).

Porque nosotros hemos escuchado la voz de Jesucristo que llama, hemos llegado a ser una nación que conoce el plan eterno escrito de salvación. ¿Por qué la Suprema Inteligencia nos ha hecho saber el plan eterno de salvación? No es para embodegarlo en bodegas de la mente. No es para depositarlo en cuentas corrientes o de ahorros de los bancos. El plan de salvación no es para enjaularlo o encarcelarlo en cárceles de nuestra haraganería o flojera. No es para enterrarlo como el hombre que enterró el talento. El plan eterno de salvación que conocemos no es para refrigerarlo en la refrigeradora del hogar. La Divina Gracia nos ha dado a conocer el plan eterno de salvación para exponerlo en público, para que circule dando ganancias. Para que libere almas del yugo de los errores en tantos organismos religiosos y para que haga resucitar a inmensidad de muertos en el horrible pecado. El plan de salvación es para dar calor, vida a las almas afligidas. En breve, el plan eterno de Dios es acercar a todos los hombres, mujeres e hijos de esta tierra a la familia de Dios, al pueblo escogido, que aunque lo desprecien, es la selección de Dios. Eso es el orden, la pauta o canon del Soberano Dios.

En la familia de Dios se vive en armonía bajo el consejo de Jesucristo en el selecto reino. En sí, somos la selección de Dios que une existencias celestiales con hombres, existencias terrenales. Dios ha querido que vivamos entre ángeles y otras criaturas del mundo exterior de acuerdo a Efesios 1:10 que dice: “el cual se había propuesto en si mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra”. Después de esto Pablo nos dice que “nos dio el ministerio de la reconciliación”. ¿Cómo, dónde y cuándo vamos a comenzar este ministerio de la reconciliación? Cómo: actuando de alguna manera. Dónde: allí donde hay un romanista o un protestante o un incrédulo. Cuándo: Hoy mismo porque la necesidad de salvación es imperativo.

Individualmente, ¿adónde se dirige? Dios nos envía a predicar hacia arriba o hacia abajo, ¿ó, no tenemos adonde dirigirnos? Recuerdan ustedes el perro en la jaula que masticó su dirección? Como individuo: ¿Es usted una selección de Dios? ¿Puede Dios decir: éste es mi predicador favorito, ésta es mi maestra preferida? Hoy honorables oyentes, Dios les ha escogido para ser su selección. ¿Le gustaría a usted ser parte del imperio de Dios que en tiempo comienza con Abraham y termina con la segunda venida de Jesucristo? Eso dicen las Sagradas Escrituras. “Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15:28). Somos una familia selecta, sacerdocio selecto, iglesia selecta, nación selecta, reino selecto, un imperio selecto. Dios, nuestra Divina Majestad espera ver que usted le responda con obediencia. Jesucristo poder de ayer a tocado corazones hoy. ¿Por qué no responderle? Lo único que Dios le pide es: bautismo y sumisión, y será para Dios un alma selecta, su especial tesoro.

Originally posted 2011-10-02 07:34:02. Republished by Blog Post Promoter

Salvación Por Gracia

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
— Efesios 2:8-9

Estos versículos aclaran la obra de salvación: Todo es por obra de Dios, no nuestra. Somos salvos por la gracia de Dios por medio de la fe. Todo es don de Dios. No somos salvos por medio de nuestras buenas obras, así que no tenemos razón para ufanarnos, como si ser cristiano fuera una proeza. La única manera de salvarse es por gracia, que es el favor inmerecido de Dios. Si lo mereciéramos, no sería gracia. No somos salvos porque hemos sido buenos, porque hemos hecho cosas buenas, o hemos ganado la salvación de alguna otra manera.

La Biblia es clara al decir que no podemos ganar la salvación. Pablo escribió en Romanos 3:20: “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de el”. Escribió en Gálatas 3:10 que quienes dependen de las buenas obras para ser salvos están bajo maldición y ninguno de nosotros puede guardar esa ley. Todos estamos justificadamente condenados al castigo eterno a menso que Dios intervenga por gracia. Eso es precisamente lo que Dios ha hecho.

Dios nos trae salvación por gracia y nuestra respuesta es la fe. Pero ni siquiera nuestra fe viene de nosotros mismos. “No es de vosotros” se refiere no solo a la gracia sino también a la fe. Tenemos que creer para ser salvos pero como estamos muertos en pecado no podemos creer. El hombre natural no puede entender las verdades espirituales (1 Co. 2:14), así que no puede creer. El dios de este siglo (el diablo) les ha cegado el entendimiento a los incrédulos para que la luz del evangelio no pueda brillar sobre ellos (2 Co. 4:4). Así que esa era nuestra condición antes de ser salvos; en las tinieblas, muertos en nuestros pecados, ciegos a la verdad, sin esperanza y sin Dios (Ef. 2:12). Estamos indefensos, incapaces de generar fe a partir de nuestro seco corazón.

Dios tiene que dar vida a nuestro seco corazón. Dios tiene que dar vista a nuestros ojos ciegos. Dios tiene que dar entendimiento a nuestras mentes entenebrecidas. Por lo tanto, toda la obra de salvación es un milagro de Dios. Creemos el evangelio y recibimos al Señor Jesucristo por fe pero es Dios quien nos da el deseo, la capacidad y el entendimiento para hacer eso. Ninguno de nosotros puede gloriarse acerca de nuestra fe o de nuestra salvación, ya que es todo debido a la gracia de Dios de principio a fin.

Deseas Aceptar La Salvación De Dios Hoy?

Guíese por esta oración:

“Padre Celestial, confieso que hasta ahora, he vivido como yo quise. Pero quiero a partir de ahora, vivir como tú dices que debo hacerlo. Yo acepto a Jesús como Señor y Salvador de mi vida, lo acepto de corazón, por fe, para que tú Dios Creador, perdones mis pecados. Creo que Jesús es el Hijo de Dios, único cordero que quita el pecado del mundo. Yo invoco al nombre de Jesús para vida eterna. Te doy gracias por esta maravillosa oportunidad de ser tu hijo espiritual, renuncio a mi anterior vida y renazco a una nueva, lleno de Espíritu Santo. En nombre de Jesús, Dios mío, Amén”.

– Gloria a Dios porque ahora, si medió tu fe al realizar esta oración, considérese una nueva criatura, permítale al Señor cambiar tu vida para hacer su voluntad, misma que puede encontrar leyendo las sagradas escrituras, ore a Dios y pídale que su Santo Espíritu le dirija, para que pueda encontrar una iglesia cristiana que ame a Dios y donde se predique su palabra no adulterada. Permítale a Dios que Él pueda cumplir su propósito en tí y agradécele por su regalo de vida eterna. Bienvenido/a a la familia de Dios.

Salvación En Jesús

Gálatas 4:4-5 muestra que en el antiguo pacto toda la historia de la salvación está orientada al nacimiento del Hijo de Dios, a Jesucristo: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”.

Jesucristo es el Redentor enviado por Dios. Él se manifiesta en sus palabras y sus obras como el Salvador. Quien cree en Él reconoce que: “Verdaderamente éste es el Salvador del mundo” (Jn. 4:42). Solamente en Él hay salvación (Hch. 4:12).

Durante el tiempo en que estuvo sobre la tierra, el Hijo de Dios realizó muchas curaciones milagrosas. Al curar a un paralítico, como se hace mención en Mateo 9:2-6, Jesús hizo referencia a una salvación que es mucho más significativa: a la redención del hombre del pecado.

La salvación vino al mundo por Jesucristo. Él es el Autor de la salvación eterna (He. 5:9). Él trajo redención y es el único Mediador entre Dios y los hombres (1 Ti. 2:5-6). Por el sacrificio de Cristo, la relación del hombre con Dios ha adquirido un nuevo fundamento. El mérito logrado por Cristo posibilita la liberación del pecado y la anulación de la separación permanente de Dios: “… las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Co. 5:17-19).

Nadie puede alcanzar salvación por sí mismo; todos los hombres son pecadores y no pueden prescindir del obrar salvífico de Dios. A través de Jesucristo, la salvación se hizo accesible a todos los hombres, tanto a los que viven como a los muertos (Hch. 13:47; Ro. 14:9).

El plan divino de salvación prevé que en el curso del tiempo sea ofrecida la salvación a todos los hombres. Así, por ejemplo, la difusión del Evangelio por los primeros Apóstoles, la expansión mundial del cristianismo y la preparación de la comunidad nupcial para el retorno de Cristo, son etapas en este plan de salvación.

Deseas Aceptar La Salvación De Dios Hoy?

Guíese por esta oración:

“Padre Celestial, confieso que hasta ahora, he vivido como yo quise. Pero quiero a partir de ahora, vivir como tú dices que debo hacerlo. Yo acepto a Jesús como Señor y Salvador de mi vida, lo acepto de corazón, por fe, para que tú Dios Creador, perdones mis pecados. Creo que Jesús es el Hijo de Dios, único cordero que quita el pecado del mundo. Yo invoco al nombre de Jesús para vida eterna. Te doy gracias por esta maravillosa oportunidad de ser tu hijo espiritual, renuncio a mi anterior vida y renazco a una nueva, lleno de Espíritu Santo. En nombre de Jesús, Dios mío, Amén”.

– Gloria a Dios porque ahora, si medió tu fe al realizar esta oración, considérese una nueva criatura, permítale al Señor cambiar tu vida para hacer su voluntad, misma que puede encontrar leyendo las sagradas escrituras, ore a Dios y pídale que su Santo Espíritu le dirija, para que pueda encontrar una iglesia cristiana que ame a Dios y donde se predique su palabra no adulterada. Permítale a Dios que Él pueda cumplir su propósito en tí y agradécele por su regalo de vida eterna. Bienvenido/a a la familia de Dios.

El Principio de Jetro


Uno de los desafíos más importantes del liderato de la iglesia es equipar y animar a los cristianos para que puedan participar en la obra del ministerio. Digo desafío debido a que el pensamiento que ocupa tradicionalmente la mente de muchos es que el líder de la congregación es el llamado a mantener control y a hacer la mayoría de las decisiones importantes. Así operan muchas iglesias locales. Warren Bennis dijo una vez: “muchas organizaciones son pobremente dirigidas y sobre manejadas”. Hay otras iglesias que son dirigidas por unos pocos obreros que están sobre trabajados, líderes exhaustos, mientras el resto de la congregación se mantiene inactiva. En ambos casos la responsabilidad recae en el liderato. La mente gerencial hace las cosas correctas, en cambio el líder hace correctas las cosas.

Los lideres de una iglesia local debe aprender cuál es la diferencia entre lo que es liderato y/o que es una mentalidad gerencial. También deben aprender que su primera responsabilidad es enseñar, aconsejar y equipar a los santos para el ministerio. Los ancianos o líderes deben comenzar a enfocarse en lo que es su verdadero llamado: el pastoreo. Alejarse de la tentación que es “administrar”. Satanás sabe que entre más él pueda influenciar falsamente al liderato a que se enfoque en la administración de la iglesia, menos miembros estarán siendo equipados para el ministerio y el servicio en el reino de Dios.

¿CÓMO VE USTED SU PAPEL DE LÍDER?

Hace un tiempo atrás, me presentaron a un líder de una congregación local al cual recién le habían nombrado anciano. En nuestra conversación, me mencionó que un miembro de su congregación vino a saludarle y le dijo: “Debe ser un honor ser anciano porque ahora está por encima de los diáconos y los demás ministros”. Yo esperaba que el anciano me dijera la manera en que él le explicó al miembro de la congregación que su forma de ver las cosas era un poco equivocada y que no era conforme al patrón bíblico de lo que es ser un líder de la iglesia. Pero en cambio, me dijo que le contestó: “Sí, es un honor tener a todo el mundo trabajando bajo mi control y teniendo ahora la responsabilidad de tomar todas las decisiones importantes en la iglesia”.

Sé que ese anciano es un hombre amoroso, que sirvió fielmente como misionero durante varios años y que, sin lugar a dudas, servirá a la congregación con sinceridad de corazón. Sin embargo, Su visión de que los ancianos están al tope y que tienen el control para tomar todas las decisiones de la iglesia no está respaldada por las Escrituras. Ni por ejemplo ni por inferencia. De alguna manera, la visión secular de liderato se ha infiltrado en el reino de Dios. Permitiendo que el liderato luzca como un gobierno episcopal o tipo pirámide. Entre más lejos se llega en el liderato, más gente se tiene bajo control. En esencia, es el rol del líder hacer más y sobre todo tomar las decisiones de la iglesia. Jesús, sin embargo, enseñó lo contrario: “…el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (Marcos 10:43-44).

Moisés también tenía la misma sinceridad de corazón cuando se sentaba delante de todas las personas del pueblo como juez de Israel. Su suegro Jetro observó detenidamente lo equivocado de lo que Moisés hacía y lo cuestionó: “¿Qué es lo que haces tú con el pueblo? ¿Por que te sientas tú sólo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?” Y Moisés le respondió a su suegro: “Porque el pueblo viene a mí a consultar a Dios. Cuando tienen asuntos, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaró las ordenanzas de Dios y sus leyes” (Éxodo 18:13-16).

Al igual que en el caso del anciano que mencionamos, la sinceridad de corazón de Moisés no cambió el hecho de que lo que él estaba haciendo era un error. Note la respuesta de Jetro: “No está bien lo que haces.. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú sólo. Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Y somete tú los asuntos a Dios. Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga sobre ti y la llevarán ellos contigo” (Éxodo 18:17-22). Es interesante que aunque Jetro no era israelita tuvo la capacidad de enseñarle a Moisés Sabemos que Jetro fue pastor de ovejas y sacerdote. Posiblemente fue bueno resolviendo problemas y un gran organizador ya que dio a Moisés consejos muy atinados y prácticos acerca de cómo podría cumplir con su papel de líder sin llegar a cansarse o quemarse. Creo que Jetro también ofrece un excelente ejemplo en tiempos cuando “la ayuda de afuera” se necesita en la iglesia para que el liderato de la iglesia local continúe siendo efectivo.

RECONOCIENDO EL PROBLEMA

¿Cuál es el problema? Moisés estaba sobrecargándose por la creencia de que la voluntad de Dios era que toda decisión concerniente al pueblo de Dios tenía que ser tomada por él y sólo él. ¿Cuán a menudo vemos a líderes de la iglesia quemados, exhaustos o frustrados por la carga del trabajo en la iglesia? Personalmente he hablado con ex-ancianos, los cuales me han manifestado que tuvieron que echarse a un lado de sus posiciones producto de la extremada presión en sus vidas personales así como en sus vidas familiares. He llegado a creer que esa frustración es auto infringida por líderes que no han llegado a comprender la enseñanza bíblica acerca de lo que es liderato, y por lo tanto, ni saben ni se dedican a animar y a delegar el trabajo administrativo a los miembros. ¡Hacer eso en realidad eliminaría de ellos esos aspectos administrativos tan trabajosos y que en realidad nunca han sido partes de sus responsabilidades! En lugar de enfocarse en los asuntos administrativos podrían enfocarse en las necesidades espirituales de los individuos y de las familias.

Es interesante también el hecho de que el pueblo de Israel también estaba siendo “atropellado” ya que tenían que esperar parados desde la mañana hasta la noche para ser atendidos (vs.14). Hoy día, los líderes de la iglesia continúan estropeándose, quemándose al tratar de involucrarse directamente en todas las decisiones y a la vez estropean y anulan a los miembros frustrándolos al punto que la mayoría están inactivos. Gary McIntosh dice: “El riesgo más desafiante que los líderes de la iglesia tienen que tomar a menudo es invertir su tiempo en los miembros. Muchos ancianos y otros líderes no permiten el desenvolvimiento de los miembros en los diferentes ministerios por temor a los errores que podrían cometer si se les diera la oportunidad de servir.

Creo que Jetro también nos da una excelente lección a los líderes de la iglesia de hoy día, de cómo permitir y animar a los miembros a participar en los diferentes ministerios. He encontrado cinco (5) principios importantes de liderato en los consejos de Jetro a Moisés:

1- Equipando a los miembros- (Éxodo 18:20a) Jetro comienza aconsejando a Moisés sobre la necesidad de enseñarles la ley y los decretos. No era suficiente con que Moisés supiera todas las leyes y los decretos y que él hiciera todas las decisiones. Moisés fue exhortado a tomarse el tiempo que fuera necesario para equipar a otros miembros con el conocimiento y comprensión requeridos para tomar decisiones con sabiduría. Esto me recuerda un refrán popular que dice: “Dale un pescado a un hambriento y comerá un día; enséñale a pescar y comerá toda la vida.” Este debe ser el enfoque primario del liderato para equipar y “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio”.

Equiparlos, sin embargo, no es una tarea fácil; es un proceso. Tal vez, por eso, muchos líderes en las iglesias no enfocan sus esfuerzos en enseñar a los demás. Lynn Anderson en su libro: “Ellos Huelen Como Ovejas” dice: “El estilo de Jesús de equipar a sus discípulos no es tan difícil de entender, pero puede ser difícil de implementar. No es complejo, pero sí costoso.” El equipar a los santos hace un llamado a que consistentemente se invierta tiempo en las vidas de otras personas. Se necesita mucha paciencia para cuando ellos parezcan que van gateando en lugar de avanzar. También llama a la vulnerabilidad, a la franqueza y al esfuerzo intencional. La recompensa… será inmensurable: brinda la satisfacción espiritual a ambos, al maestro y al discípulo. Esto expandirá la capacidad del ministerio en la iglesia.

2- Mentoría (consejería)- (Éxodo 18:20b) Moisés no sólo tenía que enseñar a su pueblo los decretos y las leyes. Jetro le sugirió a Moisés que tenía que ser un mentor para ellos en el proceso. El argumento de Jetro fue: “Enséñales la forma en que deben vivir y los trabajos que tienen que realizar” Era algo más que sólo un estímulo a Moisés de ser un buen ejemplo. Le dijo a Moisés que tenía que mostrarle a la gente cómo vivir y cómo participar efectivamente en el proceso de toma de decisiones.

Este fue el mismo tipo de proceso de mentoría que el apóstol Pablo sugirió a Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2). En otras palabras, Timoteo debía enseñar y aconsejar a otros miembros de la iglesia para que ellos a su vez se convirtieren en maestro y mentores de otros. La mentoría es la llave para desarrollar un liderato consistente y continuo en la casa de Dios.

3- Selección– (Éxodo 18:21ª) Moisés tenía que seleccionar a hombres capaces. Hombres que temieran a Dios. Hombres fidedignos que odiaran las ganancias deshonestas. Este proceso de selección es también muy importante. Jetro dijo que estos hombres tenían que ser capaces, lo que sugiere que debió existir un proceso que asegurara que ellos estaban equipados primeramente para hacer el trabajo. Por eso, el proceso de equipar a los santos y la mentoría que esto conlleva viene primero en el consejo que Jetro le da a Moisés. Lynn Anderson dice: “Hay muchas congregaciones que lo que necesitan es más pastoreo y menos administradores.” En muchos casos, se tiene hombres capaces que están inactivos sin envolverse en los distintos ministerios que bien podrían aliviar mucho del peso de la carga que el líderato se han auto impuesto. Si seguimos el principio de Jetro enseñado a Moisés de seguro nos supliremos de hombres capaces para ministrar en el reino de Dios.

4- Autorizando– (Éxodo 18:21b) Muchas iglesias hoy día hacen un buen trabajo al seleccionar hombres para el servicio en el reino de Dios. Pero, ¿cuán a menudo vemos personas que han sido seleccionadas para el ministerio, pero que no han recibido la autoridad para llevar a cabo el trabajo que le han encargado? Permítanme ilustrar este punto con un ejercicio que hacemos en los seminarios sobre liderato. En ocasiones le pido a un hermano de un lado del salón que por favor le lleve un libro particular a otro hermano que esté en el punto más distante del salón. Tan pronto comienza a caminar hacia el otro extremo le detengo y le pido que lleve el libro de una forma determinada. Nuevamente cuando a dado varios pasos le vuelvo a detener y le indico que tiene que hacerlo en determinada forma de caminar. Tan pronto resume su encomienda le sugiero que muestre cierto aspecto en su cara. (Según yo le estoy dando las diferentes instrucciones se pueden escuchar risas entre los hermanos presentes mientras yo le sigo dándole instrucciones sobre cómo realizar la encomienda que le di.) En fin, le detengo una y otra vez, sugiriendo diferentes cosas hasta que ya casi está a punto de entregar el libro a la persona indicada. En ese momento, me acerco al hermano mostrando gran impaciencia y frustración porque no hizo las cosas como yo quería, y le pido el libro y se lo entrego yo mismo al otro hermano.

La lección viene cuando le pregunto al hermano: “¿Cómo te hice sentir?” Normalmente me describen sentimientos de insuficiencia o ineptitud. Algunos hermanos han dicho que se sienten como tontos. Este es un sentimiento horrible. Muchos líderes de hoy día son culpables de que muchos miembros de la iglesia se sientan inútiles en la iglesia. ¿Cuán dispuesto creen ustedes que estará el hombre de la ilustración cuando se le pida que haga otra tarea? Cuando los líderes de la iglesia seleccionamos a personas para realizar una tarea o un ministerio necesitamos apoyarle, darle confianza, darle el espacio suficiente para que realice el trabajo encargado. Max Depree, en su libro: “Liderazgo Sin Opresión” dice: “Delegar es una de las maneras en que un líder conecta su voz y su toque a los demás.” Es una manera preciosa de permitir a las personas que participan de ella a crecer hasta alcanzar su potencial.

5- Responsabilidad- (Éxodo 18:22ª) Cuando Jetro le dice a Moisés: “Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo…” él estaba hablando del nivel de responsabilidad que debe guiar a aquellos que ocupan una posición de liderato. Es mi creencia que una de las grandes tragedias del liderato de la iglesia hoy día es que hay muy poca o ninguna responsabilidad en aquellos que sirven como ancianos, diáconos y líderes en general de los distintos ministerios.

En su libro “El Líder Autorizado”, Calmin Miller declara: “En orden de construir un verdadero espíritu de equipo (en la iglesia) usted debe delegar autoridad así como responsabilidad”. Los líderes verdaderos hacen responsables a los hermanos por las tareas que se le delegan. Cuando la tarea termina, cualquier falta que ocurra será responsabilidad de aquellos que tenían la tarea a cargo. Es sabio recordar que la habilidad de sus seguidores para aceptar el dolor del fracaso o la gloria de su éxito se relaciona directamente al modelo de líder que usted provee. Si usted asume su responsabilidad de una manera seria, aquellos a quienes usted delega alguna tarea imitarán su mayordomía.

La responsabilidad no es una opción si la iglesia quiere verdaderamente ser eficaz. Max Depree declara: “Una de las primeras cosas requeridas en un movimiento es un liderato lleno de espíritu, un liderato que esté disponible y que enriquezca, y sobre todo que mantenga la organización responsablemente”. Donde no hay responsabilidad por los resultados, allí siempre va ha existir una mentalidad orientada a las posiciones. Esta mentalidad de liderato orientada hacia las posiciones dice: Un anciano o diácono hace las cosas de una forma determinada por la posición que ocupa y no por la efectividad. Debemos recordar, sin embargo, que los ancianos en las Escrituras son conocidos como ancianos por sus años de experiencia y sabiduría y por el trabajo que ha realizado en la iglesia. Bíblicamente hablando el anciano era, es y será un término descriptivo y no un título de posición. De la misma manera, aquellos que sirven como diáconos son en realidad servidores. Es quiénes son y qué hacen, no un título dado a ellos. Donde no existe la responsabilidad encontraremos ancianos que no pastorean y diáconos que no están dados al servicio.

6- Vigilancia- (Éxodo 18:22b) El consejo final de Jetro fue que cuando la situación requiriera que Moisés se envolviera en el proceso de la toma de decisiones, entonces él (Moisés) decidiría: “Todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño”. Por la misma naturaleza del servicio de los ancianos, ellos tienen la experiencia y la sabiduría necesaria para hacer las decisiones cuando sea necesario por lo complicado y/o difícil de la situación. Conozco de mi propia experiencia en el ministerio local que los ancianos tienen más información o conocimiento con respecto a ciertas situaciones particulares que lo que yo pueda tener. Por eso, la comunicación entre el liderato y los ministros, así como la comunicación entre el liderato y toda la membresía es importante.

EL RESULTADO

Jetro le dice a Moisés que si él sigue sus consejos tendrá resultados positivos: “Así aliviarás la carga de sobre ti y la llevarán ellos contigo. Sí esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo el pueblo ira en paz a su lugar” (Éxodo 18:22b–23) ¿Cuál fue la reacción de Moisés al consejo de Jetro? “Moisés escuchó a su suegro e hizo todo lo que Él dijo” Nosotros (el líderato de la iglesia del Señor) debemos escuchar el consejo de Jetro a Moisés. Como John Maxwell declara: “Un líder es grande, no por su poder sino por su habilidad para confiar, delegar y autorizar a otros. El éxito sin sucesores en un fracaso. La responsabilidad del obrero es realizar el trabajo, la responsabilidad del líder es desarrollar a otros para que hagan el trabajo. Finalmente, el propio Jetro da la mejor razón de todas para llevar a cabo todos estos principios de fortalecimiento cuando dijo: “…y si Dios te lo mandare”

Yo Quiero Ir Al Cielo Cuando Muera


Yo quiero ir al cielo cuando muera, ¿y Ud?
Si Ud. Preguntara a alguien cómo llegar al cielo, ¿qué respuestas obtendría?
Alguien podría responder, “únase a mi iglesia y Ud. Irá al cielo.”
Otro podría decir, “No, Ud. Solamente necesita hacer el bien, y llegará al cielo”
La gente tiene tantas opiniones. ¿Quién está en lo correcto?
Pero Ud. No debe preocuparse por lo que dice la gente. Si hay alguien que sabe como llegar al cielo, ¡ése debe ser Dios!
¿Qué es lo que Dios dice sobre esto en su Palabra, la Biblia?

EL AMOR DE DIOS

El amor de Dios es tan grande
Que lengua o pluma no puede describir,
Va más allá de la más distante estrella,
Y llega al más profundo de los abismos.
Frederick M. Lehman

La más tierna de las características personales de Dios es Su amor. Su Palabra dice: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7, 8).
Amor es lo que Dios es- no sólo lo que Dios hace.
La gente habla mucho de amor, pero con demasiada frecuencia se refiere a un amor distorsionado y barato. El amor que aflora en las pantallas de los televisores o en las salas de cine no es sino mera pasión vergonzosa. Aún lo que parecería ser un inocente amor por los niños puede ser solamente una máscara para esconder una conducta sexual impropia.

Hoy en día algunas personas ni siquiera pueden entender el amor. No se conmueven ante la figura de Dios, como un padre amante, porque nunca han experimentado es negligencia, odio y abuso de sus padres.
Cuan refrescante es mirar el amor verdadero, porque es tan diferente. Este tipo de amor puede venir solamente de Dios. Y ese amor es la única razón para que tengamos esperanza.

El ciego de nacimiento y los interrogantes de los opresores. Juan 9


Curación de un ciego de nacimiento

Vers. 1-5:
Al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”. “Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”.

Introducción:

Vers. 1-5. El discípulo muy naturalmente pregunta por las características, origen y significado de la enfermedad que afecta joven ciego de nacimiento. La creencia popular de aquel tiempo admitía dos explicaciones para situaciones como estas: 1) Esta persona habría cometido un pecado como causa de la enfermedad, o 2) sus padres habrían pecado y el niño sufriría las consecuencias. En resumen, el discípulo estaba preguntando por aquello que había ocurrido como para llegar a esta situación de enfermedad. La relación entre enfermedad y pecado estaba muy condicionada como explicación del origen de las epidemias. La respuesta de Jesús es muy clara: “Ni él ni sus padres han pecado, nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios”. Dicho en otras palabras, nada de lo que hubiera podido ocurrir en el pasado, relacionado con la conducta moral o ética de esta persona o de sus padres, son explicaciones válidas de una enfermedad. No existe una explicación de este tipo para la enfermedad de una persona. Es exactamente la misma argumentación del Libro de Job en el Antiguo Testamento. Allí son los amigos de Job los que a lo largo de todo el libro buscan relacionar algún error, pecado o falta conocida o desconocida, como causal de las calamidades actuales de Job. La estructura de este pensamiento vigente en aquel entonces y, aún muy vivo en el pensamiento de muchas personas religiosas en nuestro tiempo, nos conduce a una extraña teología en la cual los sanos son bendecidos por Dios y esa salud física es expresión de un correcto comportamiento ético y moral. En cambio los enfermos serían signos visibles del rechazo divino a personas moralmente incorrectas. Esta teología es, por supuesto insostenible, desde una perspectiva evangélica. Jesús no busca este tipo de explicación. El origen de las enfermedades, lo sabemos hoy, son los microbios, los gérmenes, los bacilos, las bacterias, etc.

Indudablemente Dios puede utilizar el sufrimiento vivido por una persona para manifestar su poder y desde esa perspectiva adquiere una significación que no tenía antes y que tampoco la tiene fuera de este contexto. La acción de Dios frente a los enfermos y las enfermedades es de misericordia y nunca de juicio.

Preguntas para reflexionar :

1. ¿Qué tiene en común la situación del ciego con nuestra situación en la epidemia del SIDA ?

2. Si preguntamos por las causas de la enfermedad de una persona, ¿no estaremos ya buscando enjuiciar porque presuponemos que algo malo ocurrió en el plano moral o ético?

3. ¿Podemos decir categóricamente enfermedad es sinónimo de castigo divino y que el gozar de buena salud es signo claro de aprobación de Dios?.

4. ¿Podemos decir que todos los enfermos son pecadores y los sanos son justos y salvos?
· “…el sufrimiento, cuando se sabe que uno es hijo o hija de Dios, aparece a una luz nueva. El judaísmo antiguo es, en este punto, muy cruel. Cada sufrimiento es castigo por un determinado pecado particular. Tal es la firme convicción de la época (véase Juan 9 :2). Dios velaría porque la culpa y el castigo se rijan exactamente por el principio de “medida por medida”. Cuando se encuentra a un tullido, paralítico, ciego o leproso, es obligación piadosa murmurar : “¡Alabado sea el Juez fiel !” Cuando muere un niño pequeño, tiene que haber habido determinados pecados de los padres, pecados que Dilos ha castigado. Y, así, en el sufrimiento se ve el azote de Dios. Jesús rechaza enérgicamente que se hagan tales elucubraciones….El sufrimiento es, más bien, una llamada a la conversión : una llamada dirigida a todos. Mientras que los contemporáneos pregunta : “¿Por qué envía Dios el sufrimiento?”, los discípulos de Jesús deben preguntar : “Para qué envía Dios el sufrimiento? (Joachim Jeremias : “Teología del Nuevo Testamento” Vol. I pag. 216)

Vers. 6-7:
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”, que significa “Enviado”. El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.

ver. 6 a 7 : El uso de la saliva como gesto de sanidad en la realización de un milagro, en el vocabulario simbólico del evangelista, nos lleva al contexto de una nueva creación. Es un gesto de un nuevo comienzo, de nueva vida y de una segunda oportunidad. En el libro del Génesis el gesto de creación es barro y soplo mientras que en Juan es barro formado con saliva. La curación obrada por Jesús es una recreación de la dignidad de la persona en su plenitud. El envío a la piscina de Siloé también lo podríamos interpretar como un signo que nos recuerda el bautismo que nos conduce al vocabulario de morir y renacer.

Preguntas para reflexionar :

· Frente a las etiquetas impuestas por la sociedad en la que vivimos, ¿podría la comunidad cristiana ser un santuario que protege la dignidad y la identidad de toda persona ?

Vers. 8-12: Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: “¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?”. Unos opinaban: “Es el mismo”. “No, respondían otros, es uno que se le parece”. El decía: “Soy realmente yo”. î Ellos le dijeron: “¿Cómo se te han abierto los ojos?”. El respondió: “Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: ‘Ve a lavarte a Siloé’. Yo fui, me lavé y vi”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde está?”. El respondió: “No lo sé”.

Vers. 8 a 12 : Cuando la persona ciega es restituida en su plenitud y en su dignidad, porque salud y dignidad iban juntas en el contexto de pensamiento judío de aquel tiempo, los vecinos reaccionaron extrañados y con una profunda ironía. Todo el diálogo revela esa sospecha e incredulidad. Los vecinos ponen en duda la nueva identidad de esta persona ciega, no pueden creer en la acción de Dios que devuelve al ciego a su lugar de dignidad en la sociedad y en la comunidad de fe. El núcleo de este relato está en la actitud de Jesucristo que nos enseña que el rigorismo está en contra de la voluntad de Dios.

Preguntas para reflexionar:

· Como comunidad cristiana, ¿puede nuestra presencia junto a las personas que viven con VIH-SIDA recrear la dignidad y defender el lugar que le pertenece por derecho evangélico en la comunidad humana?

Vers. 13-17:
El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: “Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo”. Algunos fariseos decían: “Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?”. Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?”. El hombre respondió: “Es un profeta”.

Vers. 13-17: La defensa y justificación del ministerio con las personas que viven con el VIH-SIDA, actualmente no es necesaria hacerla frente los extraños a la fe cristiana sino con los miembros más cercanos de la comunidad de fe, de los amigos y de los familiares. Los más grandes cuestionamientos a esta acción de reconstrucción de lazos fraternos, de inclusividad, de anuncio de buenas nuevas se producen dentro del círculo más estrecho e íntimo de todos aquellos que se sienten llamados a esta acción pastoral.
Preguntas para reflexionar

· Debemos analizar si nuestra comunidad y nosotros mismos estamos dispuestos a desafiar el “sábado” (un erróneo uso de las Escrituras) para comprometernos en la promoción de los derechos humanos de las personas que viven con VIH-SIDA o en la construcción de una acción educativa que sea completa y científicamente fundada.

Vers. 18-23:
Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: “¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?”. Sus padres respondieron: “Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta”. Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: “Tiene bastante edad, pregúntenle a él”.

Vers. 18-23: Muchas familias, por temor a ser aisladas y estigmatizadas ellas mismas, también abandonan a sus hijos o hijas cuando más les necesitan en medio de la epidemia de VIH-SIDA. Muchas veces los líderes religiosos sinceros, pero con una equivocada metodología bíblica, son los más duros en emitir juicios y condenas. El uso con fines discriminatorios que se quiere hacer de los resultados de los análisis de sangre que detectan la presencia del virus del VIH es francamente ilegal e inmoral. Una de las condiciones para se excluido de la sinagoga era el reconocer a Jesús como Mesías y Señor. Este era el credo de la iglesia apostólica.

Preguntas para reflexionar:

· ¿No sería suficiente para reconocer a una persona como miembro del Cuerpo de Cristo el que proclame que Jesús es Mesías y Señor?

· En este preguntar la misma persona sobre lo sucedido, no nos llevaría a pensar en la necesidad de que la comunidad cristiana se transforme en abogada de la confidencialidad del diagnóstico teniendo en cuenta las graves consecuencias que pueden aparecer en el nivel de trabajo, familia, escuela.

Vers. 24-34:
Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: “Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. “Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo”. Ellos le preguntaron: “¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?”. El les respondió: “Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”. Ellos lo injuriaron y le dijeron: “¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este”. El hombre les respondió: “Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada”. Ellos le respondieron: “Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?”. Y lo echaron.

Vers. 24-34: Nos enfrentamos a dos posiciones encontradas: por un lado están ubicados los fariseos que con las Escrituras en las manos, han podido demostrar que Jesús quebrantó la legislación y la tradición con relación al sábado y en consecuencia es evidentemente un pecador. El “ciego” de nacimiento afirma que Jesús lo ha curado, es decir, le ha quitado estigma de su vida lo que le permite reincorporarse a la sociedad civil y religiosa. Desde esta reconstrucción de su lugar de dignidad en la comunidad confiesa que Jesús es un profeta. Esta confesión es causa de excomunión. Aquello que los padres del ciego temían confesar, el hijo tiene la valentía de hacerlo sin importarle las consecuencias. Aquellos que eran considerados sabios en esta historia, muestran que en realidad son los verdaderos ciegos de la historia. Sus equivocados conocimientos teológicos y el mal luso de las Escrituras les han impedido comprender la realidad. El ciego puede hablar y dialogar en este relato. La voz del excluido y del marginado es escuchada como metodología para construir una pastoral.

Preguntas para reflexionar:

· Cuando se desea construir una acción educativa de prevención, o una acción pastoral: ¿con quién debemos dialogar?

· Al ser expulsado el ciego de la sinagoga: ¿de qué lado se ubico Jesús?.

Vers. 35-38
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: “¿Crees en el Hijo del hombre?”. El respondió: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le dijo: “Tú lo has visto: es el que te está hablando”. Entonces él exclamó: “Creo, Señor”, y se postró ante él.

Vers. 35-38: Al enterarse Jesús de que el ciego al cual había curado fue expulsado de la sinagoga, se acerca y le hace una pregunta muy simple pero profunda: “Crees en el Hijo del Hombre”. Este es el único requisito de inclusión en la comunidad cristiana. Esta pregunta suena también como una cálida invitación. En el lenguaje del evangelista Juan el título “Hijo del Hombre” puede significar el modelo arquetípico al cual es llamado todo ser humano, es el proyecto del ser humano nuevo que se relaciona armónicamente con Dios, con sus semejantes y con la creación. En realidad Jesús le está preguntando si cree en ese proyecto de vida que ha venido a revelar y mostrar que es posible vivirlo ahora y aquí. El verdadero milagro no está ubicado en la curación de la vista sino en la curación de la mente y del corazón. El milagro es la confesión del ciego que hace suyo el proyecto de Dios.

Preguntas para reflexionar:

· ¿Qué pre-requisito impuso Jesús al ciego para curarlo?

· ¿Qué consecuencias prácticas tiene en la vida del ciego el desafío religioso e institucional de Jesús?

· ¿Qué significa esta acción en una tarea educativa y pastoral hoy en la iglesia?

Vers. 39-41:
Después Jesús agregó: “He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven”. Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: “¿Acaso también nosotros somos ciegos?”. Jesús les respondió: “Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: ‘Vemos’, su pecado permanece”.

Vers. 39-41: Jesús vino al mundo para revelar la voluntad de Dios. El ver del mundo es diferente del ver de Cristo. La mirada de Dios no es exactamente igual a la mirada de los seres humanos. Los que ven según las reglas del mundo son muchas veces ciegos desde la perspectiva del Reino. La acción pastoral de Jesús pone al descubierto esta situación. La epidemia del VIH-SIDA esta produciendo un efecto revelador de situaciones de exclusión, de ceguera, tanto en la sociedad como en las iglesias cristianas. Muchos que se creían excluidos de la comunión que Dios está construyendo con los seres humanos en la historia, descubren que son el objeto del amor de Dios. También está poniendo bajo la luz del evangelio las actitudes de exclusión y falta de comunión de muchas personas sinceramente religiosas pero equivocadas. A la luz de esta epidemia estamos descubriendo la mezquindad de nuestro amor, lo poco inclusiva que son nuestras comunidades, lo ilusorio de nuestra comunión y los infinitos temores y prejuicios que aún debemos enfrentar.

Preguntas para reflexionar:

· ¿Podemos intentar una respuesta a la primera pregunta de los discípulos al comienzo del relato?

· ¿Podemos intentar aplicar este pasaje a la realidad revelada por la epidemia del VIH-SIDA?

CAPÍTULO III “He Ahí tu Hijo …He Ahí tu Madre”

“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn. 15:13). Nuestro Señor Jesús dijo eso, y al haber estado considerando las palabras que El pronunció desde la cruz, nos hemos dado cuenta de cuan grande es Su amor. No solamente murió por Sus amigos, que también murió por Sus enemigos. “Siendo [nosotros] aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8).

“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y, María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Jn. 19:25-27).

Ese discípulo, por supuesto, era Juan. El fue quien escribió el Evangelio que leva su nombre, y dio testimonio de estas cosas.

Si usted y yo hubiéramos estado en Jerusalén aquella tarde de la pascua, cuando Jesús fue crucificado, me pregunto cuan cerca de la cruz hubiéramos estado. Una cosa es cantar: “Tenme cerca de tu cruz, Señor,” y otra muy distinta estar realmente cerca de la cruz. Los cuatro soldados romanos estaban allí, pero lo estaban porque ese era su deber. Las cuatro mujeres estaban allí, junto con el apóstol Juan, pero no porque tal era su deber. Estaban allí debido a su devoción; amaban al Señor Jesús. María, Su madre, estaba allí; María Magdalena estaba allí; Salomé (la hermana de Su madre) estaba allí; María, la mujer de Cleofas, estaba allí; y Juan estaba allí.

Usamos la frase “cerca de la cruz” muy a menudo. Se ha convertido en una de las frases de cajón evangélicas. Hemos orado: “Señor, mantenme cerca de tu cruz,” y hemos cantado que queremos estar cerca de la cruz. ¿Qué significa realmente estar cerca de la cruz de Cristo?

Obviamente, no estamos hablando acerca de geografía literal. La cruz ya no existe, y usted y yo no podemos ir a las afueras de la muralla de Jerusalén y ubicarnos cerca de la cruz. Estamos hablando de una posición espiritual; estamos hablando de una relación especial a Jesucristo.

Esta tercera palabra desde la cruz nos ayuda a entender lo que significa estar cerca de la cruz. Tal vez lo mejor que podemos hacer es sencillamente hablar con las personas que se encontraban allí.

Entrevistemos a María Magdalena, Salomé, las dos Marías y a Juan, y veamos lo que realmente significa estar cerca de la cruz de Cristo. ¿Qué significó la cruz para cada una de estas personas?

Un Lugar de Redención

Empecemos con María Magdalena. Es mencionada como última en la lista de Juan 19:25, pero yo quiero empezar con ella. Si usted se hubiera acercado a María Magdalena aquella tarde, y le hubiera preguntado: “María Magdalena: Tú te hallas cerca de la cruz. ¿Qué significa eso para ti?” pienso que ella le hubiera respondido: “La cruz para mi es un lugar de redención.”

María Magdalena había sido libertada por el Señor Jesucristo. Es desafortunado que algunos que estudian la Biblia, y algunos predicadores también, hayan confundido a la mujer de Lucas 7 con María Magdalena. Lucas 7:36-50 registra un evento en el cual nuestro Señor estaba cenando en casa de un fariseo. Una mujer se le acercó; era una mujer de detestable reputación. Ella rindió adoración al Señor Jesús, y le ungió con un perfume muy costoso. Mucha gente ha identificado a esta mujer con María Magdalena; pero esto no es verdad. No sabemos el nombre de aquella mujer.

María Magdalena es mencionada en Lucas 8:2 como una mujer de la cual Jesús había arrojado siete demonios. Lo mismo se registra en Marcos 16:9. María Magdalena no solamente estuvo al pie de la cruz, sino que también temprano en la mañana de la resurrección fue a la tumba de Cristo. María Magdalena había estado cautiva de Satanás. Personalmente no puedo concebir lo quesería estar poseído por un demonio; mucho menos lo que es estar dominado por siete. No sabemos lo que hacían que ella hiciera; pero ella estaba en terrible y horrible esclavitud. Ahora, antes de que hagamos un juicio sobre ella, recordemos que Efesios 2:1-3 señala claramente que cada persona que no es salva camina “conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.” Las fuerzas demoníacas obran todavía en las vidas de los incrédulos hoy en día, y estas fuerzas demoníacas quisieran igualmente dominar las mentes y perturbar los corazones del pueblo de Dios. Satanás estaba obrando en la vida de María Magdalena, y entonces Jesús la libertó de aquellos poderes demoníacos. Siempre que pienso en liberación, pienso en Hechos 26:18. Dios le dijo estas palabras a Pablo, para indicarle lo que sería su ministerio del evangelio: “Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.” Cuando usted confía en el Señor Jesucristo, estos cambios maravillosos tienen lugar en su vida. Usted sale de las tinieblas a la luz; de la oscuridad mental, de las tinieblas morales y de la noche espiritual a la maravillosa luz del evangelio de Jesucristo. Usted pasa del poder de Satanás al poder de Dios. Dios empieza a controlar y a usar su vida. Usted pasa de la culpa al perdón, y de la pobreza a la riqueza como heredero de Dios por medio de la fe en Cristo. Esto es lo que Jesús hizo por María Magdalena.

Este milagro de redención es una cosa costosa. Cuando Jesús libertó a María Magdalena del poder del Maligno, le costó algo a El. Estando al pie de la cruz, María vio el precio que fue pagado.

Jesús tuvo que morir para que nosotros podamos ser redimidos. Para que yo pudiera pasar de las tinieblas a la luz, El tuvo que pasar de la luz a las tinieblas. Para que yo pudiera ser libertado de Satanás y pudiera venir a Dios, El tuvo que ser abandonado por Dios. Para que yo pudiera ser libertado de la culpa y perdonado, Jesús tuvo que ser hecho pecado por mí. Para hacerme rico a mí, El tuvo que convertirse en el más pobre de los pobres. No sorprende que María haya estado allí al pie de la cruz. No sorprende que ella haya estado allí cuando Jesús fue sepultado. No sorprende que ella estuvo en la tumba temprano en la mañana de la resurrección. María Magdalena había experimentado la redención. Al estar cerca de la cruz, María decía: “La cruz para mí es un lugar de redención.”

¿Es la cruz lugar de redención para usted? ¿Puede usted decir: “He confiado en Jesucristo, y El me ha hecho pasar de las tinieblas a la luz, del poder de Satanás al poder de Dios, de la culpa del pecado al perdón, de la pobreza a una herencia por medio de la fe en El”? Si esto no es verdad en su vida, entonces a usted le falta todo aquello por lo cual Jesús murió para dárselo. Pídale que le salve, y entonces usted puede tomar su lugar al pie de la cruz, un lugar de redención.

Un Lugar de Reprensión

La segunda persona con la cual quisiera hablar es Salomé. Salomé era una persona interesante. Era la madre de Santiago y Juan, la hermana de María, y la mujer de Zebedeo. La recordamos como la mujer que vino con sus dos hijos pidiendo tronos para ellos. El relato de tal incidente se encuentra en Mateo 20:20-28. Salomé, Santiago y Juan se acercaron a Jesús y le dijeron: “Queremos pedirte algo.” Jesús les preguntó: “¿Qué queréis?” (v. 21). Ellos le habían oído decir que los apóstoles iban a juzgar a las doce tribus de Israel, y que se iban a sentar en tronos; y querían asegurarse de tener buenos lugares. Así que dijeron a Jesús: “Quisiéramos tener nuestros tronos, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.” Jesús les dijo: “¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?” (v. 22). Con mucho desenfado contestaron: “¡Claro que podemos!” Jesús les dijo: “Así será; en verdad, así será.” Por supuesto, Santiago fue el primero de los apóstoles en dar su vida en el martirio. Juan fue el último de los apóstoles en morir, y atravesó gran persecución y sufrimiento antes de ser llamado al hogar celestial.

“Salomé, queremos preguntarte: ¿Qué clase de lugar es la cruz? Tú te encuentras cerca de la cruz. ¿Qué significa eso para ti?” Pienso que ella hubiera contestado: “La cruz para mí es un lugar de reprensión. Aquí me siento recibiendo una fuerte reprimenda, porque fui muy egoísta. Quería que mis dos hijos tuvieran los lugares de honor; quería que estuvieran a la derecha y a la izquierda del Señor Jesús. Ahora estoy aquí viéndole, no en un trono, sino en una cruz; y me siento avergonzada de mí mismo.”

En verdad, debía estar avergonzada de sí misma-tanto como deberíamos estarlo nosotros cuando oramos egoístamente. Su plegaria fue una oración egoísta; “Quiero algo para mis hijos. No importa lo que cueste. ¡Eso es lo que quiero!” Su oración brotaba del orgullo, no de la humildad.

¿Merecían tronos esos dos hombres? Los tronos no son repartidos al descuido; uno tiene que ganárselos. Salomé había olvidado el costo de la verdadera recompensa. No hay corona sin cruz; no se puede llevar la corona sin haber bebido el vaso. Incluso nuestro Señor Jesucristo mismo no retornó a Su trono sino por medio de la cruz.

La cruz fue para Salomé un lugar de reprensión. Cuánto necesitamos nosotros cantar: Cuando contemplo la portentosa cruz Sobre la cual de gloria el Príncipe murió, Mi ganancia más valiosa como pérdida se vé, y mi mal fundado orgullo se reduce a nada.

¡Que no ocurra, oh Dios, que me gloríe, Sino en la muerte de Cristo, mi Señor! Todas las cosas vanas que me seducen tanto Ante Su sangre, en humildad, las sacrifico.

Algunas veces las cosas más egoístas que hacemos son el resultado de una oración equivocada.

Ningún cristiano crece más allá que su vida de oración. Salomé no trajo sus oraciones a la cruz. Como consecuencia, sus oraciones eran egoístas, terrenales, de orgullo e ignorancia. No se dio cuenta del precio que iba a tener que pagar.

Dios contesta la oración, pero debemos asegurarnos de que podemos pagar el precio. Santiago de hecho pagó el precio-murió como un mártir.

Juan de hecho pagó el precio-tuvo que sufrir y fue perseguido. Salomé miró a la cruz como un lugar de reprensión; y yo confieso también que muchas veces, al contemplar la cruz, he sido reprendido; por cuanto mis oraciones han sido egoístas por entero, mi oración ha sido de orgullo. Dios me ha mirado, y me ha dicho: “¿Estás dispuesto a beber el vaso?” “¡Oh, no! Señor. Lo que quiero es una respuesta a mi oración.” “Pero, tienes que beber el vaso. ¿Estás dispuesto a ser bautizado con el bautismo del sufrimiento?” “No, Dios. Simplemente lo que quiero es la bendición, no el sufrimiento.” Salomé nos dice, a cada uno de nosotros: “La cruz es un lugar de reprensión.” Dios se complace en honrar a Sus siervos y a Su pueblo. Un día iremos a disfrutar de Su gloria eterna. Pero, antes de la gloria, tiene que haber sufrimiento. “El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione” (1 P. 5:10).

María Magdalena nos dice que la cruz es un lugar de redención. ¿Ha sido usted redimido? Salomé nos dice que la cruz es un lugar de reprensión. Tal vez al estar nosotros cerca de la cruz Dios reprenda nuestro egoísmo, nuestro orgullo y nuestro deseo de gloria sin sufrimiento.

Un Lugar de Recompensa

Ahora miremos a María y a Juan-María, la madre de nuestro Señor Jesús, y Juan, el discípulo al cual Jesús amaba. Si usted hubiera estado al lado de María, en el Calvario, y le hubiera preguntado: “¿Qué significa estar cerca de la cruz?” pienso que ella hubiera replicado: “La cruz, para mí, es un lugar de recompensa.” Es interesante notar que encontramos a María al principio del Evangelio de Juan, y al final del mismo. La encontramos en Juan 2 y en Juan 19, pero los dos incidentes están en contraste. En Juan 2 María está en una boda y participando de la alegría de la fiesta. En Juan 19 está participando de la tristeza de un funeral. En Juan 2 el Señor Jesús dio una demostración de Su poder, y tornó el agua en vino. En Juan 19 nuestro Señor Jesús moría en agonía y vergüenza. Pudo haber ejercido Su poder y haberse librado a Sí mismo; pero, de haberlo hecho, no hubiera acabado la obra de la salvación. No vino para salvarse a Sí mismo, sino para salvarnos a nosotros.

En Juan 2 encontramos a María hablando, pero en Juan 19 ella guarda silencio. Su silencio es interesante; de hecho, es muy importante. En Juan 2 es de esperarse que ella diga algo. El vino se había acabado, y eso era una tragedia social en los días de Jesús. En alguna parte leí que una persona podía ser multada por invitar gente a una fiesta y no tener suficiente vino. María se acercó a Jesús y le dijo: “No tienen vino” (v. 3). Jesús suplió esa necesidad de acuerdo a Su corazón de gracia y amor.

Pero en Juan 19 María guarda silencio. Pienso que si alguna persona pudiera haber rescatado de a cruz a Jesús era Su madre, María. Todo lo que hubiera tenido que hacer era acercarse a los soldados romanos y decirles: “Yo soy su madre; yo le comprendo mejor que nadie. Lo que él dice no es verdad; por consiguiente, déjenlo en libertad.” Si María hubiera presentado esta clase de testimonio podría haber rescatado al Señor Jesús. Pero guardó silencio. ¿Sabe usted por qué guardó silencio? Porque ella no podía mentir. Allí, junto a la cruz, su silencio fue un testimonio de que Jesucristo era el Hijo de Dios. Si alguien conoce a un hijo, ciertamente es su madre. Si Jesucristo no hubiera sido lo que reclamaba ser, María hubiera podido salvarlo. Pero permaneció en silencio, y ese silencio es un elocuente testimonio de que el Jesucristo que adoramos es Dios-Dios el Hijo venido en carne humana.

La cruz era un lugar de recompensa para María. ¿En qué sentido? En el sentido de que el Señor Jesucristo no la ignoró, sino que la recompensó al dejarla con el discípulo amado, y viceversa. María debe ser reconocida con honor, pero no debe ser adorada. En el Evangelio de Lucas se nos dice que María mismo dijo: “Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lc. 1:47). María fue salva por la fe, igual que cualquier otro pecador. El ángel no le dijo: “Bendita tú sobre las mujeres.” Lo que le dijo fue: “Bendita tú entre las mujeres” (v. 28). Reconocemos que María fue bendita, porque sufrió para traer al mundo al Salvador.

Simeón le había dicho: “Una espada traspasará tu misma alma” (Lc. 2:35). En la cruz ella experimentaba el clímax de ese sufrimiento. Cuando se descubrió que estaba encinta, empezó para ella el sufrimiento, la vergüenza y el reproche. Fue mal entendida. La gente murmuraba de ella. Se casó con José, un carpintero, y vivía en pobreza. Dio a luz al Señor Jesús en un establo.

Tuvieron que huir de Belén para escapar de la espada, y sin embargo algunos niños inocentes murieron a causa de su nene. Me preguntó cómo se sentiría María en cuanto a eso. Se gozó porque su hijo fue librado, pero debe haber sentido la espada en su propia alma al enterarse de que otros niños inocentes habían muerto.

Cuando nuestro Señor Jesús fue un adolescente, le había dicho: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (v. 49). Eso marcó el inicio de una experiencia de separación, una separación creciente. En ocasiones María realmente no le entendía. ¡La espada atravesaba su propia alma! María, al pie de la cruz, sufría. Sufría porque El moría. Sufría por la forma en que moría-en una cruz, contado con los transgresores. Sufría por el lugar en donde moría-en público, a la vista de toda suerte de gentes. Era tan cosmopolita la muchedumbre, que Pilato hizo escribir en tres idiomas la declaración para la cruz. ¡Nuestro Señor no fue crucificado en un callejón escondido! ¡Fue crucificado a vista de todos, en público, en vergüenza! Y María estaba allí, sintiendo la espada que atravesaba su alma.

Pero Jesús la vio, y le dio seguridad de su cariño. Siempre lo hace así. Tal vez usted esté atravesando un calvario. Tal vez usted está sufriendo intensamente por algo que ha ocurrido. Quiero que sepa que el Señor Jesús siempre nos da seguridad de Su amor. A María le dijo: “Mujer [un título de respeto], he ahí tu hijo” (Jn. 19:26). ¿Se refería a Sí mismo? Pienso que no. Pienso que se refería a Juan. Luego dijo a Juan: “He ahí tu madre” (v. 27). ¿Qué es lo que estaba haciendo? Estaba estableciendo una nueva relación. A María le estaba diciendo: “Voy de regreso al cielo. Por esto tú y yo debemos tener una relación enteramente nueva.

Pero, para dar paz a tu corazón, para restañar la herida causada por la espada que te ha atravesado, te entrego a Juan.” Le aseguró Su amor al tomar a Su discípulo amado y hacerlo hijo de María. El Señor Jesús sintió el dolor de ella. Conocía la soledad que la afligía, y la recompensó dándole al discípulo que tanto había amado.

Leí en alguna parte que el testamento más largo que se conoce consta de cuatro enormes volúmenes. Tiene 95.940 palabras. El testamento más corto del que se tiene noticia está en Inglaterra, y contiene solamente tres palabras: “Todo para mamá.” Jesús no tenía posesiones terrenales para dejar.

Los soldados ya se habían jugado sus vestiduras. ¿Qué podría dejarle a María? Le dio a Juan. “Desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (v. 27).

Para María la cruz era un lugar de recompensa. Al final, Dios recompensa a los que han sufrido.

Un Lugar de Responsabilidad

Ahora debemos hablar con Juan. “Juan, ¿Qué significa para ti estar al pie de la cruz?” Pienso que Juan hubiera contestado: “Este es un lugar de responsabilidad.”

Nuestro Señor Jesús reinaba desde la cruz. Estaba en control. Daba órdenes. Daba direcciones a Sus seguidores y seres queridos. Restauró a Juan. Juan le había abandonado y había salido huyendo. Todos los discípulos habían hecho lo mismo. El Pastor había sido herido, y las ovejas esparcidas. Pero Juan regresó hasta la cruz. ¡Fue restaurado y perdonado! Usted y yo podemos habernos descarriado, podemos haber desobedecido o aun haber negado al Señor; pero podemos retornar. Juan regresó hasta la cruz. No era el lugar más seguro para colocarse, ni el más fácil de ocupar. He estado junto a algunos moribundos, pero nunca en una situación ni remotamente parecida. Regresar requirió valentía y amor de parte de Juan. El Señor Jesús lo restauró, y fue Juan mismo el que luego escribiría: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).

Jesús no solo que restauró a Juan, sino que también le honró. Le dijo: “Juan, tú vas a tomar mi lugar. Ya no estaré más en esta tierra para velar por mi madre humana, María; de modo que tú vas a tomar mi lugar. Vas a llevarla contigo, y tú vas a ser para ella un hijo.” Lo interesante es que todos nosotros estamos tomando Su lugar. Después de Su resurrección, dijo: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn. 20:21). Usted y yo representamos a Cristo delante de otros. Juan debía amar a María, por cuanto debía ocupar el lugar de nuestro Señor en la vida de ella. Usted y yo tenemos que amar a otros en la manera en que el Señor Jesús nos ha amado. Juan fue el discípulo al cual amaba Jesús.

Es interesante notar, en los capítulos finales de su Evangelio, cómo Juan mostró su amor por el Señor Jesús.

En Juan 13:23 leemos que Juan “estaba recostado al lado de Jesús.” El amor siempre es algo del corazón. En Juan 19:26 leemos que Juan estaba al pie de la cruz. Una cosa es recostarse en el pecho de Jesús privadamente, en el aposento alto, y algo totalmente distinto ponerse públicamente al pie de la cruz. Pero el amor siempre ocupa su lugar y sufre. Juan 20:4 nos dice que Juan corrió al sepulcro. Más adelante reconoció a Jesús y dijo: “¡Es el Señor!” (21:7). El amor siempre reconoce al ser amado. Luego, el amor le hizo seguirle. Jesús dijo:
“Sígueme,” y Juan le siguió. Finalmente, el amor da testimonio. Juan dijo que él daba “testimonio de estas cosas” (v. 24), porque las había visto y sabía que eran ciertas.

La cruz es un lugar de responsabilidad. Si usted y yo nos hemos acercado a la cruz, tenemos una grande responsabilidad-la responsabilidad de amar al Señor Jesús, y luego vivir por El y amar a otros. La vida cristiana no es una vida fácil, pero es una vida maravillosa. Estoy convencido que la vida cristiana es una vida mucho más fácil que la vida de pecado. “Junto a la cruz”-ese es el lugar donde El nos quiere. Es un lugar de redención. Si usted nunca ha confiado en el Señor Jesús, usted puede ser redimido. Sencillamente venga a la cruz por fe y confíe en El. “Junto a la cruz” es un lugar de reproche.

Todo nuestro orgullo y egoísmo se desvanece cuando nos ponemos al pie de la cruz y vemos al Señor Jesús sufriendo por nosotros.

“Junto a la cruz” es un lugar de recompensa. “Mujer, he ahí tu hijo . . . He ahí tu madre” (Jn. 19:26,27). Es un lugar de responsabilidad. Cuando nos acercamos a la cruz, por medio de la fe en Cristo Jesús, no podemos escaparnos, no podemos escondernos. Debemos ocupar nuestro lugar e identificarnos con El en comunión con Sus sufrimientos. Entonces podemos ir y hacerla obra que El nos ha llamado para que hagamos.

Cualquier cosa que sea lo que Dios le ha llamado a hacer, amigo mío, hágala. Si se acerca a la cruz descubrirá que es un lugar realmente maravilloso.